viernes, 22 de mayo de 2015

Resumen noticioso

"Gabriela Rivademeirda obtuvo su título con tesis de 80 páginas". Respetable. No entiendo muy bien por qué esto es noticia. ¿Se supone que 80 es mucho? ¿Poco? Sodomizado si lo sé. A mí me parece, pues eso, respetable sin mayores. Me da pereza leerme el artículo, así que dejémoslo en el misterio.

"Pareja se enfrenta a pena de hasta 15 años de prisión por tener sexo en la playa en Florida." Ya sabíamos que EEUU es un país puritano, pero esto roza el surrealismo. Ya ni me acuerdo cuántas veces he tenido sexo en las playas de España (y una vez en Inglaterra), naturalmente sin consecuencias. Se informa que una niña de 3 años estaba viendo. ¿Y? Eso de que los niños no deben ver nada de sexo es una aberración peculiarmente moderno. Antiguamente (y todavía en el campo) las casas no tenían tantas habitaciones y los niños tenían que presenciar sexo nocturno, ocular o por o menos auditivamente, semana sí, semana también (en el mejor de los casos). De tal manera que crecían con la actitud sana de que ver follar a alguien es un espectáculo aburrido y un poco asqueroso, como contemplar cagar a un tipo, pero de trauma nada. Estamos criando una generación de niños bobos. Está bien si quieren (la bobería es importante para la democracia), pero no se esfuercen tanto. A veces uno se pregunta qué tipo de país sería EEUU si no encarcelaran a tanta gente inútilmente. Podría ser hasta una potencia mundial, en mi opinión.

"Informe concluye que 'no es posible garantizar la seguridad' en misa de Papa". Si gastan un centavo en eso del papa, es un centavo de más. Algunos no se dan todavía por enterados de que en un estado laico, se trata a toda religión por igual, es decir se pasa olímpicamente de todas ellas. El otro día vi al Dalai Lama comiendo encebollado en el Malecón de Durán: ni un pinche policía a la vista en ningún lado. Los católicos son como niños. Quién los tuviera.

Sanción a La Hora. Uno no puede más que estar de acuerdo con OAS: este país ya es un manicomio.

"Blog de Endivio Roquefort ya no publica tantos artículos como antes" (portada, todos los diarios). Cierto. Estoy pasando por una fase de dedicarme más a mi fetiche ocasional de los tacones altos. Cuando me harte de tacones, me verán aquí de nuevo.

domingo, 17 de mayo de 2015

Todos somos Freddy Ehlers

Creo que hay que demostrar, en este caso, un poco de solidaridad. Para quienes vienen de fuera, y no saben nada de la historia, Freddy Ehlers es un respetable ciudadano ecuatoriano que ocupa el puesto gubernamental de Secretario Nacional del Buen Vivir de Ecuador. Pues bien, este pobre hombre está siendo, en la actualidad, objeto de un terrible chantaje de parte del Presidente de la República, nada menos, quien le ha dicho que si no trabaja, dejará de percibir ese pingüe salario ministerial que actualmente, por indudable mérito propio, recibe. Y la naturaleza cruel de este chantaje se vuelve patente nada más formular la pregunta: ¿qué tipo de trabajo debe o puede realizar un Secretario Nacional del Buen Vivir? La respuesta es evidente: un Secretario Nacional del Buen Vivir tiene la obligación de vivir bien. Ni más, ni menos. El mismo nombre del cargo lo indica. Y hasta donde se alcanza a ver, eso es precisamente a lo que se ha dedicado el mentado Sr Ehlers... hasta ahora. Pero por lo visto, esto no ha sido suficiente para el Presidente, quien con notable crueldad le ha exigido que se vaya a España y se reúna con "intelectuales españoles y emigrantes ecuatorianos" para explicarles que deben adoptar otro "modelo de vida".

Es decir, el pobre Ehlers se encuentra en la angustiante necesidad de hacer el ridículo por obligación profesional.

Quien no se haya visto en semejante apuro alguna vez en la vida, que tire la primera piedra.

Yo, personalmente, he tenido que asistir a tantas reuniones sobre el tema que empiezo a ver la necesidad de crear un verbo, "buenvivirear" o algo por el estilo, para describir lo que ineluctablemente pasa en tales encuentros. Los presentes, en cuanto escuchan eso del Sumak Kawsay, ponen cara de buen niño, o de místico medieval, o de no haber roto un plato, o de bobo embelesamiento, o de hambriento espiritual, lo que crean que les ganen más puntos. Luego viene una presentación en PowerPoint, con muchas caras sonrientes y puestas de sol, y a continuación, una corta y confusa discusión en que se trata de "inculcar" o de "fomentar" o de "desarrollar" eso de los Valores del Buen Vivir mediante, pues, proyectos y... cosas así. Después la reunión termina y los organizadores se echan flores por haber, pues eso, fomentado el Buen Vivir según la agenda impuesta desde Arriba. El resto se va a casa, y quedan tan ilusionados y hondamente impresionados por lo que han aprendido sobre el Nuevo Modelo de Vida, que inmediatamente se disponen a ponerlo en práctica en su propia vida, de la siguiente manera: haciendo exactamente lo mismo que hacían antes.

Lo que no es de extrañar, realmente, pues hasta la fecha no me he encontrado con ningún Valor del Buen Vivir que no quede adecuadamente resumido bajo uno de los siguientes rubros: perogrullada, piadosa prédica de sermón dominical, oquedad, o idiotez. "Hay que cuidar la naturaleza", "hay que ser solidarios", "hay que trabajar en equipo", "el dinero no da la felicidad", cosas por el estilo. Y con ese arsenal de revolucionarias ideas, bajo estrictos órdenes, el pobre Ehlers tiene la obligación de dar la vuelta al mundo proponiéndolas como solución a una supuesta "crisis ambiental, social, política, económica, ética y espiritual" a nivel mundial. Yo, lo que es yo, preferiría correr un maratón por Nueva York desnudo de cintura abajo... y conste que soy tímido.

Lo curioso del tema, para mí, es la facilidad con que semejante sarta de estupideces ha podido calar entre el gremio que mejor conozco, el de los educadores (pero lo mismo valdría para políticos) que se supone que son gente de cierta solidez y preparación intelectuales. ¿Cuál es el atractivo? Si se mira con frialdad, creo que lo esencial del Buen Vivir se puede resumir así: es una ética para ser observada por los demás. Es decir, cada cual se supone que ya "vive bien", según su propio entendimiento, pues si no fuera así ya se habría percatado de ello y ya hubiera emprendido los cambios necesarios. De modo que, pues lo dicho, después de escuchar el sermón y de haber mostrado entusiasta aprobación, uno vuelve a su rutina diaria y no cambia nada. Si a mí me parece bien "ser solidario", pues se supone que por eso mismo, porque me parece bien, ya lo soy. y si no me parece bien, nada en todo el arsenal de propaganda que hay al respecto me va a cambiar de opinión. El "buen vivir", prácticamente por definición, es aquello que uno ya vive, que ya hace. Pero no es necesariamente lo que hacen los demás. O sea, es un concepto según el cual para que todo esté bien, para que vivamos en la utopía, los que deben mejorar su comportamiento son "ellos". Los demás. Y tal vez, ese subconjunto de "ellos" que conocemos por el Gobierno.

¿Cómo no va a ser popular una idea así?

Popular, claro está, entre los que no piensan. Por eso, esa exquisita crueldad del Presidente, eso de exigir que el pobre Ehlers se dirija a "intelectuales", es decir a gente que sí piensa. Supuestamente, por lo menos. Si eso no es sadismo, no sé bien bien cómo llamarlo.

domingo, 3 de mayo de 2015

"Then sings my soul, my saviour God, to Thee"

Bravo himno. Bravo, bravo. Si no fuese hombre y por tanto lachrymally challenged (hay estudios) capaz irrumpiría en lágrimas cada vez que lo escucho. Son de esas cosas que, cuando eres joven, "meh", "otro aburrido himno", "y qué", y luego, en la vejez, cuando uno tiene el alma rachelcarsonizada, quiero decir que ya no das por sentado el cantar de los pájaros, porque has notado que cantan menos que antes, al igual que tus hormonas, y que nuestras vidas, como memorablemente expresaba Jorge Manrique, "son las diarreas/que van a dar en el retrete/que es el morir/me refiero a ése que está en el espacio del parque/detrás del edificio/donde habitualmente sales a fumar/y que a veces está abierto/a las 7 de la mañana/pero a veces no/y en todo caso no hay papel/mierda/a pox on state-run tertiary education", pues eso, en la vejez ya aprecias esas cosas que antes no apreciabas, lo que demuestra que en cierto modo los jóvenes son más bigotudos (cosas mías: quiero decir "presos de prejuicios") que los mayores, lo que contradice el tópico pero los tópicos están ahí para ser contradichos. Y a eso llegamos, pero déjenme dar un par de vueltas más a esto.

El himno, según el Tío Wiki, es de factura sueca, lo que contradice igualmente el tópico de que los suecos nada han hecho en toda su historia aparte de inventarse un premio trucho, un Estado Asistencial demencial y el cancionero de Abba. Su extraño poder, para mí (el del himno, no el de los suecos), es tres cuartos melodía y un cuarto letra. La melodía de las estrofas me invita irresistiblemente a pensar en un ser vivo acostado, cuyos intentos de incorporarse son impedidos por una fuerza superior, un pie digamos, aplastándole la zona lumbar. En el primer verso consigue levantarse de tónica a subdominante, no sin cierto esfuerzo (repetición de sol más veces de lo habitual) pero inmediatamente recae en un extenuado tónico, y se contenta con una cadencia perfecta de remate: "no vas a ninguna parte". Y de repente, se despereza, vence esa presión, se levanta: irrumpe el estribillo (coro) que escala hacia un glorioso mi en registro superior... para luego sacarse de la manga el truco de ese si que da el salto hacia abajo para caer en re, que es donde siempre siento la presión interior de la glándula lacrimógena, pues por eso, porque nuestro cerebro está programado para responder ante los séptimos mayores sobre todo cuando no son passing notes, y es cuando nos sentimos poseídos por algo fuera de nuestro control que vienen las lágrimas.

Y si el lector considera que mis glosas sobre melodías son demasiado fantasiosas, pues mejor se abstenga de escuchar mi conjetura de que el pasado éxito electoral de José María Aznar en España se debe casi exclusivamente al poder seductor de una brizna de melodía de 18 notas y aproximadamente ocho segundos de duración. No, no vayamos allí. Aparte, ya lo hicimos en otro post hace tiempo.

¿La letra del himno? Pues eso, dice que Gott es recontra que groß. Pero no me siento realmente capacitado para extenderme en apreciaciones de esta letra, porque no creo en ese Gott, y por tanto, al igual que el difunto C. Hitchens no lo encuentro particularmente groß, ni especialmente merecedor de alabanzas de ningún tipo. Y tal hecho lo encuentro relevante por la siguiente razón, germano también al caso Aznar: creo que hay muchas iglesias (religiosas, políticas, ideológicas) que seducen y cautivan a sus fieles con música, conocedores de su poder de infiltración emocional, which is more than half the battle. Como hoy es domingo, les invito, queridos lectores, a asistir a su iglesia más cercana: ahí verán a algún viejote que viste una impresionante capa larga, estilo superman pero al revés y en otros colores, y blande un grande y pesado libro, que en su portada en letras doradas reza ETHOS. Y delante de él, dispuestos en filas, están los embelesados fieles, todos canturreando el himno número 517, que tiene por título PATHOS. Y luego, en la última fila, hay un sujeto que no se arrodilla no se sienta cuando los demás, que tiene una cara triste y los zapatos sucios, y que lleva una camiseta donde se lee claramente LOGOS. Ése soy yo. El tipo está ahí porque se siente solo, porque quiere "participar", porque quiere pertenecer a la raza humana (todavía pervive en él el recuerdo de esa otra vida cuando era cucaracha, peor todavía, cucaracha neoliberal), tiene toda la buena disposición del mundo, pero no puede creer, porque lo que ahí se le propone y se le sermonea no tiene el sustento de la razón.

El sacerdote se le acerca al final de la misa, con una sonrisa benévola. "Olvídate de la razón," dice en voz baja. "Es algo inmensamente sobrevalorado. Déjate llevar."

El tipo tristón da medio paso. Pero las palabras "olvídate de la razón", en su mente, tienen un único significado. Son las rieles que llevan a destinos con nombres como Auschwitz, Dachau, Treblinka. No puede.

Y en ésas, se apartan las nubes y aparece en el cielo, rodeada de ángeles con trompetas, triunfales fulgores, cadenas de la SECOM, etcétera, una sagrada visión: Tatiana Hidrovo Quiñónez, para ser exactos. Y dice:

"Los gobiernos progresistas de América Latina están realizando grandes transformaciones en medio de una sostenida crisis..."

...Nah. En aras de brevedad, y al igual que con los misterios de Fátima, creo que hace falta resumir e interpretar un poco. Dice, más o menos:

Si redistribuyes la riqueza, sacándole algo de plata a los ricos y entregando una parte a los pobres, estos pobres se hacen menos pobres y más ricos. En vez de ir en colectivo, compran un Chevrolet Spark y descubren que pueden birlar el espacio de parqueo hasta a un Ford Explorer. En vez de vestir camisetas de la última campaña de Alvarito, con manchas de encebollado, visten en De Prati y descubren que les dejan entrar sin más a barras de la Zona Rosa. En vez de jugar al fútbol en la calle, se compran un Samsung y juegan a "Mangazo a Maduro". En fin, se vuelven burgueses. Y el problema es que los burgueses no nos votan a nosotros. Ni siquiera leen El Telégrafo.

¿Y la solución?

¡Abajo el sentido común!

Bueno. Vaya por delante que simpatizo con la escritora, más de lo que parecería. El sentido común, si no se le exige rigor y austeridad, es traicionero. Entre otras cosas, "el sentido común" le ha susurrado a la humanidad, en diferentes épocas, que la tierra es plana, que el sol gira alrededor, que cuando truena debe ser porque Alguien ahí arriba está molesto, que si muchas enfermedades se llevan en la sangre lo mejor que puede hacer el médico es desangrar al paciente, que si pensamos con el cerebro entonces a menor volumen craneal, menor capacidad intelectual, etcétera. En efecto, todo tipo de barbaridad analfabeta se puede excusar con "el sentido común". Por lo general, lo que se denomina con este calificativo de "sentido común" es la capacidad para extraer conclusiones silogísticas a partir de una premisa declarada, consensualmente "obvia", y otras premisas no declaradas, que pueden o no ser problemáticas o sencillamente falsas. Es decir, es la lógica apresurada de los intelectualmente perezosos. Si acierta es por accidente. Siempre es preferible el silogismo depurado, austero y sobre todo completo. Sin suposiciones ni "excusado decir".

Lo que llama la atención, sin embargo, en el argumento de Hidrovo Q., es que su oposición al "sentido común" se conjura no desde la perspectiva del rigor intelectual, ni tampoco porque ese "sentido común" ha derivado en conclusiones objetivamente falsas. Si fuera así, supongo que ella no tendría empacho en decirnos cuáles son esas conclusiones intelectuales erróneas. En lugar de ello, lo que dice es que el "sentido común" hace que la gente rechace, en creciente número, a "los gobiernos progresistas de América Latina", o está en peligro de hacerlo. Que el "sentido común" nos lleva a defender "el monstruo del mercado" y "la democracia burguesa", ambas cosas que los auténticos revolucionarios rechazan. Ahora, se supone que si existieran buenas razones para rechazar el mercado, o la democracia burguesa, o por apoyar a los gobiernos "progresistas" (sic) aun cuando dejaste de ser "pobre", serían estas razones lo que Hidrovo Q. expondría en su artículo, o si son demasiado largas para el espacio permitido, nos diría adónde ir a buscarlas. En lugar de lo cual, nos remite a Samuele Mazzolini, a Antonio Gramsci y a Raymond Williams, todos tres a sus distintas maneras autores adictos al "sentido común", en el sentido en que carecen de rigor intelectual y se limitan a practicar refrescantes masajes a los prejuicios del lector, y de paso, cuando se les da cuerda, a descubrir América. De Mazzolini no he leído mucho (ni pienso hacerlo), pero de los otros autores citados, creo que se les puede diagnosticar a ambos cierta adicción a la "táctica meta", que, por nuestros pecados, todos los profesores de idiomas conocemos demasiado bien, y que va así:

Si no tienes ni puta idea sobre la solución a x, anuncia al mundo que el problema no está en el dominio de x, sino que hay que adentrarse en lo meta-x. Una vez hecho esto, el problema desaparecerá. (Por lo menos, desaparecerá de tu vista.)

Por ejemplo, los profesores de idiomas, después de darle un tiempo razonable de varios siglos a los psicólogos para que nos informen cómo demonios hacer que la gente aprenda cosas, sin respuesta alguna, al final dijeron: bueno, chicos, parece que de la cognición nunca sabremos nada, pero por lo menos sabemos con absoluta certeza que no tenemos ni puta idea de cómo hacer bien nuestro trabajo. Y a esa triste certeza qué tal si le damos un nombre, y lo llamamos "metacognición". A partir de ahora todos somos expertos, si no en otra cosa, en metacognición. ¿No les hace eso sentirse mucho mejor?

(O en la encantadora formulación del Tío Wiki: I am engaging in metacognition if I notice that I am having more trouble learning A than B.)

(O en la mía: I am engaging in meta-employment if I notice that I habitually have great trouble holding down a job.)

(O en la bíblica: He that lusts after another man's wife is probably engaging in meta-matrimony.)

De igual modo: el tal Gramsci, ante el apremiante (para él) problema de que la gente apoyaba más a los fascistas que a los comunistas, podría haberlo encarado así: ¿qué argumentos (del tipo que sea: intelectuales, emocionales, etcétera) hacen que la gente prefiera el fascismo? ¿Qué contraargumentos vamos a presentar los comunistas para ganar la batalla de las ideas y de las adhesiones? Pero en lugar de ello, se fue por lo meta: olvidémonos de los argumentos, la cuestión no es ésa. La cuestión es que en cada sociedad hay unos argumentos, unos conocimientos, unas opiniones privilegiados, Yo a esa situación privilegiada lo voy a llamar hegemonía. Esa hegemonía es lo que hay que conseguir, camaradas. ¿De acuerdo? Me merezco una banana.

A Gramsci, gran merecedor de bananas y apóstol de "queremos hegemonía, pero ya", uno se siente tentado de replicar aquello que se lee en el maletero de los San Remo y los Nissan Sentra de primera generación: No embidies mi exito si no zabez mi zufrimiento. En todo caso, su propio éxito en el acervo intelectual de la izquierda europea y, más adelante, internacional, fue fulminante. A partir de él, nada de hablar de ideas (eso es para plebeyos, para burgueses, para reaccionarios), sino de meta-ideas. Consigamos el poder, luego habrá tiempo para decidir qué hacemos con él. No nos detengamos a discutir si estamos haciendo lo correcto, eso es para ilusos. Nada es correcto ni deja de serlo, todo es en función de la percepción de las masas: Conseguida esa hegemonía, todo lo que hagamos será, ipso facto, correcto, por el simple hecho de que lo hacemos nosotros, ¿vale, compañeritos?

A esta cómoda actitud le asiste el hecho de que, allá en el XIX, Marx creía haber descubierto otro modo de razonar, mucho más sofisticado y poderoso que el tradicional, al cual, siguiendo a Hegel, llamaba razón dialéctica. Lo que en lo posterior permitió a muchos izquierdistas, cuando se les cogía en flagrante falacia, exclamar: ¡pero no me entiendes porque no sabes pensar dialécticamente! Lo cual, de paso, cierra toda posibilidad de diálogo, así que algo menos dialéctico, imposible, pero eso es aparte y otro cantar. La cuestión es que, según parece, el frío dominio de la razón lógica deductiva le deja tiritando enseguida al izquierdista de tropa, que no podrá menos que echar mano de ese patetismo que hemos notado en las iglesias tradicionales, ese apoyarse en el efecto emocional de la música, sólo que en lugar de acordes de subdominante, de cadencias plagales y de intervalos de séptimo mayor, se prefiere esto:

progresistas de América Latina ... grandes transformaciones ... orbe capitalista... construcción de la igualdad social y política ... fuerzas desaforadas del mercado ... sistema-mundo ...contradicciones del proceso ... sistemas de pensamiento o el sentido común de mucha gente ... designios del mercado

O sea, se prefiere una arrulladora retórica hecha de clichés, de perogrulladas, de neologismos chic (¿¿sistema-mundo??), de apelaciones a un supuesto saber superior y exclusivo, una especie de peepshow intelectual donde se coquetea con la curiosidad intelectual sin realmente decir nada, y cuyo efecto inmediato es asegurar el sometimiento de los fieles a los designios, no ya de una abstracción incapaz de tener designios (salvo abstractamente) como es el "mercado", sino de un hombre poderoso, léase, un Jefe de Estado o aspirante a. Éste, que penetre, domine y controle todo lo que quiera. Para eso está, a fin de cuentas.

De modo que en la izquierda, no sería correcto hablar de anti-intelectualismo, como muchas veces se da en las religiones tradicionales, sino de meta-intelectualismo. No sabemos por qué el mercado es malo, peor lo que puede haber en su lugar. Pero sabemos rodear nuestra ignorancia o cínica indiferencia al respecto de una densa nube de palabrería seudo intelectualoide, aunque a veces con tropiezos lingüísticos ("una neoclase", "no podemos dejar de reconocer que no hemos logrado una descolonización", esto último, digno de Orwell, "sistemas de pensamiento, imaginarios o como se llamen", "El núcleo para enfrentar el sistema", etcétera). Como decía Orwell, entre la imprecisión del lenguaje y la del pensamiento hay una relación bilateral, lo uno acolita a lo otro. Así que lo mejor que podemos hacer con el artículo en cuestión es consignarlo al Vaticano, y que el Papa, éste o alguno sucesivo, vaya explicándonos lo que significa a medida que se cumplan sus oscuras profecías. Para el resto de los mortales, seguirá siendo un poco anti-sentido común que el gobierno diga estar en contra del capitalismo, pero que se aferre al capitalismo en la práctica: que diga estar en contra de la burguesía o del aburguesamiento, pese a ser el vivo retrato de tal en la persona de cada uno de sus miembros: que diga estar en contra de la acumulación de riquezas, cuando sus miembros apenas se dedican a otra cosa; que diga favorecer la comunicación pero practica la censura; que diga estar por la igualdad pero que apoye un código civil discriminador, etcétera. En otros tiempos eso se llamaba hipocresía: ahora es tan sólo meta-coherencia.

El himno es el que se escucha cantar en las primeras escenas, las del entierro, de la película Secrets and Lies. Leigh sabía lo que hacía. De inmediato se rarifica el ambiente emocional. Unos actores, como siempre en Leigh, buenísimos, entregadísimos, y sólo un final ridículo para estropearlo. Esa película no se merecía ese final. El himno tampoco. Quedamos, pues, en que aunque yo no cante, porque no puedo, mi alma sí, y eso es lo que cuenta. Esperemos que sí, en todo caso.


sábado, 2 de mayo de 2015

Murió Ruth Rendell

Si no has leído A Judgment in Stone, léetelo, es imprescindible por lo menos para novelistas aprendices. También me impresionó No Night is Too Long, y tengo cita con A Dark-Adapted Eye, que a mi difunta mamá le encantó: creo que fue casi lo último que leyó. Rendell/Vine fue una impresionante artesana que escribió gran cantidad de novelas cuyo rasgo más notable es una despiadada eficacia (te absorben y no te sueltan), garantía de éxito comercial, unida con un interés personal, incombustible por lo visto, por ver y describir el mundo desde la óptica de los marginados y trastornados sicológicos. De modo que el mejor consejo que tengo para una persona nacida para ser misfit es ésta: vive y piensa de manera tan interesante que eres digno de protagonizar una novela de Rendell. There.

También ha muerto la India María, de quien poco sé aparte de que sus películas me inspiran cierta agradable somnolencia, y que hubiera pagado lo que fuera por verla compartir guión con El Santo, el Chapulín Colorado y no sé quiénes más en una versión mexicana de Los Vengadores, que me figuro sería bastante más humana y fumable que la que recién ha perpetrado Hollywood. Y ya que estamos: no, no esperas una crítica acá. Creo que me merezco algo mejor que perder dos horas de la vida viendo una película en que sale un supuesto dios nórdico que habla como John Bunyan y tiene un mazo para mascota. Buajj. Next.

También ha muerto Freddie Gray. Respecto a lo cual, y en consonancia con lo ya comentado por el bueno de Vallejo en El Telégrafo: ajj, eso de los motines hay que haberlo vivido, y no estamos en país de motines, sino en el país de no seas malito. ¿Qué les voy a explicar? En el Reino hUnDido, uno crece con motines, son parte de la cultura, más o menos como el futbol, a que se parecen mucho. Para neófitos en el tema, recomiendo la visión de la película Sammie y Rosie se lo montan, primeros minutos, que escenifica bastante bien esos motines de Brixton de aquel entonces, de la era thatcheriana, los carros volcados y quemados porque sí, el ambiente a la vez dionisiaco y siniestro. Resumiendo: hay gente con auténtica alma de motinero, para quienes, como para Nerón, la destrucción es un arte: luego están los aprovechados, los que salen sólo a robar, aprovechándose de la ausencia de las fuerzas del orden. Y está el tercer grupo, mucho menos nutrido, pero el único que cuenta: el de los amigos y allegados y familiares de la víctima, porque detrás de un motín siempre hay una víctima, casi siempre un "negro" de acuerdo con el esperpéntico lenguaje policial. El guión siempre es el mismo:

Los matones (thugs) matan a un tipo. Con preferencia, uno desarmado y completamente inofensivo.

La gente protesta.

Una judicatura corrupta o unas instancias internas policiales corruptas absuelven, explícita o implícitamente, a los asesinos, que son, recordémoslo, instrumentos y dignos representantes del Estado. (Si quieres una imagen del Estado nacional de cualquier nación del mundo, imagina una bota pisoteando una cabeza humana para siempre, siguiendo a Orwell, o bien, esposando y a agrediendo a un sujeto en la parte trasera de un vehículo policial.)

La protesta sale a la calle. Los ladrones y los nerones se unen y pasan un día divertido. Vuelven a casa con un televisor gigante de pantalla plana nuevo, con los bolsillos llenos de bling, con una gran sonrisa. Algunos policías son levemente heridos, pero para eso hay riot shields, nada de importancia.

Los medios, como señala Vallejo, llaman matones (thugs) a los que, en el transcurso de ese día, simplemente se aprovecharon de la coyuntura y mostraron su lado más humano, o sea, egoísta y oportunista. Se olvidan de mencionar que todo el chou se ha montado por causa de unos auténticos thugs, que también a veces llamamos policías, a cuyas fechorías estamos obligados a contribuir con nuestros impuestos.

No me cansaré de decirlo: si crees que siempre ha habido policías y es imposible siquiera imaginar una sociedad sin ellos, te han practicado un lavado de cerebro de los peores. Coge un libro de historia. La primera fuerza de policía fue creada por un corrupto político inglés, Robert Peel, en el s. XIX: antes, no había policías en ninguna parte del mundo... y sin embargo, había sociedad, había ley, había orden. Simplemente porque cada uno tenía la responsabilidad de ser su propia policía. Si eso no sería una situación bastante preferible a la que tenemos, pregúntenselo a los familiares de Freddie Gray. Y no digo más.

jueves, 30 de abril de 2015

Mi pie derecho: una radiografía en tres bostezos

Esta mañana me tocó ir al seguro de Durán a una hora ungodliosa para hacerme una radiografía. Esperar mucho tiempo en un pasillo sin nicotina suele tener el efecto, en mí, de obligarme a divagar mentalmente. Presento, sin más, las divagaciones acaecidas en el horario de 8 a 9. Más, no creo que el lector soporte.

Juanito Podrido

Si viviste los años 70, y peor, en el Reino hUnDido. sabrás a quién me refiero. Si no:



(Ésta creo que fue la entrevista que le valió a Grundy, entonces un big name en la tele, un fulminante "you're sacked". No se supo más de él en lo posterior. Todo por ese "bueno, impresiónanos con tus malas palabras". Eso, antes del watershed, no se podía decir en ese entonces. Ay, nostalgia.) El tiempo es cruel. La necesidad mediática de crear "tesoros nacionales", unida con los efectos predecibles del envejecimiento, han hecho de Lyden una celebridad-wannabe que, una y otra vez, decepciona por su inquebrantable mediocridad, su falta de ingenio y de cultura y de vocabulario y de originalidad intelectual. Él quiso ser todo menos aburrido, pero el ser aburrido por lo visto es algo que se lleva en el alma. Para mí es una especie de Kim Kardashian en masculino. Ella consiguió la fama mediante el truco de tener un kulo cuya extensión se mide en hectáreas y se triangula mediante equipos especializados de las Fuerzas Terrestres: él, mediante el truco igualmente facilón de decir "fuck" en la tele cada vez que pudo. Sáquenlos de ese territorio, y son seres de cartón.

Bien. Pero el tipo me vino a la mente por medio de un complicado proceso mental de múltiples asociaciones que intentaré reconstruir, pues tiene ramificaciones que harán las delicias del Club Cosaco de Filosofía Patafísica de la SECOM. Empecemos con la siguiente letra del propio Lyden, una de sus más conseguidas, y vayamos hacia atrás:

A bed in the corner
The suffering suffragette
Such an obvious trap
Imagine that
A Butterball turkey
Spread her body
Naked and silly
A bulbous heap
Batting her eyelids
The lights go down
Erupting in fat
The blackwall tunnel
An elephant's grave
A second-hand mattress
Come and play total commitment
Premenstrual tension

Alright, I finished


Bien. Confieso que esta letra me gustó al escucharla, y me sigue gustando. (Creo que Lyden debe de haber recibido alguna ayudita: no se le conoce en la vida real tanto talento poético como aquí se muestra. Otro ghostwriter, probably.) Y si esto me vino a la mente esta mañana, en ese pasillo, es porque antes estaba pensando en una ex novia: la primera que tuve, en realidad, a la edad de 19 años, de quien habré hablado en otros ocasiones. Pues bien, en una de sus cartas, que yo recibía allá en Segovia y leía sentando delante de alguna mesa del Bar Alhambra, con un sol y sombra y un paquete de Ducados a mano, a las 11.30 de la noche, ella se quejaba inocentemente de que si la "misoginia" era algo bien visto, o por lo menos, interesante, la "andróginia" no lo era tanto, vaya injusticia. Al leer la carta, demoré unos segundos en descifrar su significado: por androginia léase misandria, y eso que ella era estudiante de Teología y se supone asistía a clases de New Testament Greek cada semana, pero bueno, así era ella de malapropista a veces. Por supuesto que hoy en día nadie cometería este equivoco: "misandria" ya consta en el vocabulario pasivo de todo YouTuber. Ahora, la cuestión interesante para mí es: ¿qué significan realmente estas palabras, misoginia y misandria? Y ¿las usamos correctamente?

La misoginia

Tengo un punto de vista al respecto que intentaré defender como puedo, pero a mi manera, apelando más a la sagacidad del lector que a los estudios double-blind. Y es el siguiente:

1. Sería un ejercicio eminentemente salubre para cada uno de nosotros intentar distinguir, más que lo hacemos habitualmente, entre odio, alergia, rechazo, indiferencia, y tal vez algunos sustantivos más que ahora no me vienen a la mente. ¡Ampliemos nuestro vocabulario! Y lo digo porque creo que a ciertos ideólogos (sí, yo pronuncio ideólogo con la misma sorna con que el propio Lyden antaño decía bibliotecario) les interesa mucho, muchísimo, que la palabra odio forme parte de nuestro vocabulario activo cotidiano, posición que creo que no le corresponde, y que englobe mucho más de lo que tradicionalmente ha hecho. Volveré sobre este punto después de vomitar un par de acápites más.

2. Sí, Yvonne tenía razón: la misoginia es interesante. O lo era, antes de que las feministas cambiaran su significado para englobar a, presumiblemente, gran parte de la humanidad. Y creo que era interesante por una sencilla razón: su rareza. Piénsalo un poco. ¿Qué tan fácil resulta odiar a todas las mujeres? ¿Has hecho la prueba alguna vez, siquiera durante 5 minutos? Si tienes el corazón débil, problemas de circulación o alergia a la penicilina, sinceramente no te lo recomiendo. Es dificilísimo, y además, te deja cansado y con dolores que ni el ibuprofeno. Para empezar, tendrías que odiar a tu propia mamá. Jodido (a menos que te llames North West o alguna gilipollez parecida: el tal caso, sorrida). A continuación, tendrías que buscar motivos para odiar a la mitad de la humanidad, que si nos limitamos a la población actual mundial daría una cifra de aproximadamente 3,6 billones (3.600.000.000) de personas vivas. ¿Ya te sientes cansado? Sigamos. Si eres mujer, tendrías que odiarte a ti misma, actitud que basándome en algunas experiencias pasadas no recomiendo (es malo para la salud). Si eres hombre heterosexual, tendrías que odiar a todas tus parejas sexuales, pasadas, presentes y futuras. Si eres hombre homosexual, tendrías que odiar a un grupo de personas que para ti son irrelevantes en términos sexuales y probablemente, ningún daño te han hecho. Y para rematar: en ambos casos, tendrías que odiar a esa mitad de la humanidad que, por amplio consenso, posee el patente de la belleza corporal, adornando las portadas de todas las revistas, y además, por un consenso no tan amplio pero aun contundente en el dominio del estereotipo o arquetipo social, reúne todas las virtudes que nos han enseñado a apreciar, entre ellas, la de la no violencia.

Ahora bien: si odiar a las mujeres resulta ser una actitud exótica en parte por lo que contradice al estereotipo cultural según el cual "mujer" se define prácticamente como "esa clase de persona a la que sólo un desequilibrado pudiera odiar", lo mismo presumiblemente pasaría con los hombres, aunque tal vez en menor grado. ¿Qué persona en sus cabales odiaría a esa otra mitad de la humanidad? Pero es en este punto que se me revela, con mayor nitidez, la importancia de definir términos. Digamos, entonces, que el odio, tal como yo lo entiendo, es un deseo de lastimar o de vengarse, dirigido hacia otra persona o un conjunto de personas, y que nace de un supuesto agravio. Odias a quien te haya hecho daño, o te haya quitado algo que por derecho te pertenecía. Lo que nos lleva a la conclusión de que el odio a gran escala es algo que se ha puesto de moda hace relativamente poco, en el s.XX, cuando por primera vez en la historia llegó a la mayoría de edad una generación de humanos que creían que tenían derecho a algo más que la enfermedad y la miseria. En el campo de lo político, evidentemente, su exponente más dramático sería ese odio que los nazis consiguieron sembrar entre los pueblos alemán y austríaco hacia "los judíos", ese conjunto de seres protervos que supuestamente habría quitado, mediante una gran conspiración internacional, a los sufridos teutones el pan de la mesa y el valor del marco de las tablas de cambio. Y de ahí no creo que haga falta un paso de gigante para llegar al mundo ideológico del feminismo, esa doctrina según el cual los derechos de las mujeres, a lo largo de la historia, han sido vulnerados por otra gran conspiración, esta vez la de "los hombres", lo que convierte a éstos últimos en dignos y legítimos objetos de odio por parte de quienquiera tenga temperamento para ello.

Insisto: son tendencias históricamente recientes. Por ello, repito, Yvonne tenía toda la razón. Para ser misógino o misándrico, históricamente, antes de la primera declaración de los DDHH, hacían falta muchas ganas y mucho tiempo libre. Por ello, para un estudioso la misoginia sonará principalmente a excentricidad literaria, asociada con nombres tales como Strindberg o Schopenhauer. Y sí, resulta a veces "interesante".

Claro que aquí me pongo en trayectoria de colisión con cualquier lector de A Room of One's Own, de Woolf, pues que ella al tema de la misoginia literaria le saca el jugo de modo que uno termina el libro pensando que la historia de la literatura occidental es mayormente un case study de rechazo exacerbado a la feminidad: algunas de sus citas volvieron a aparecer, puntualmente, en un artículo de Bernard Fougeres sobre el machismo en El Universo hace poco. Lo que no remarcan, curiosamente, estos comentaristas es que gran parte de esta supuesta misoginia literaria deriva de fuentes, digamos, autoritarias - vaya, de clérigos y teólogos de la Iglesia Cristiana y similar chusma, todos con una evidente y diáfana agenda política, que es la de asociar el deseo sexual con sentimientos de culpabilidad, para así afianzar su control ideológico y emocional sobre hombres y mujeres y por ende su poder temporal. Se nota a cada paso en estas citas un mal disimulado enojo (genuino o fáctico, poco importa) hacia esos hombres brutos que, a pesar de todo y contra todos sus atronadores e impotentes pronunciamientos, insisten en su abrumadora mayoría en encontrar apetitosas y codiciables a las excrecencias mamarias, y/o a sus portadoras.

Pero: ¿puede ser "interesante" un brote de odio? No, no estoy diciendo eso. Estoy diciendo que todos estos autores, observando la debida corrección lingüística, no "odiaban" a las mujeres (a menos que creyeran, como algunos llegaron a expresar, que era "por culpa de La Mujer" que ellos no vivían en un paraíso de mansos leones y suculentas frutas, o sea, exceptuando a los Looney Tunes). Su actitud no era propiamente de odio sino de rechazo. ¿Hacia qué cosa? Pues depende. Algunos supuestos misóginos pueden resultar simples gays, con o sin closet, hartos de disimular o de suscribir rutinariamente sentimientos y deseos populares que no compartían. Otros, viejos y decrépitos amargados que no comen ni una rosca (me identifico). En otros casos, lo rechazado podría resultar ser alguna que otra manifestación de los benditos roles de género. P.ej. "las mujeres son horriblemente chismosas". A lo que la feminista de hoy probablemente responderá: (1) ¿Has visto los últimos estudios? Los hombres, celular en mano, lo son más; y (2) Si le niegas a alguien el derecho a trabajar, ¿cómo quieres que pase el tiempo sino hablando? (Sobre esta penosa guerra de los sexos que afea el discurso feminista, recuérdame que vuelva más adelante.) Sigamos. El supuesto misógino del pasado podría rechazar cualquiera de estas cosas, o como Lyden en la letra citada, podría rechazar, poniéndole un mínimo de ganas y esfuerzo, hasta el cuerpo de la mujer ("naked and silly, a bulbous heap") o bien, esa maraña de horribles y tramposas convenciones sociales y odiosos compromisos que rigen las relaciones entre sexos ("such an obvious trap... come and play total commitment"). Si existe tal cosa como una feminista reflexiva (lo dudo, aunque we'll always have Christina Hoff Sommers) tendría que ocurrírsele que si un hombre rechaza, si no la existencia, por lo menos los efectos de los roles de género, está en lo cierto desde el punto de vista de su ideología, aunque tal rechazo sea expresado de un modo desagradable, lo mismo que si rechaza el matrimonio (que para el feminismo, recordémoslo, es un simple "instrumento de dominación", y no en el sentido que tú o yo supondríamos, sino al revés), y por ello, se merecería un premio y no esas durísimas palabras de rechazo que suele recibir. Por otro lado, si no siempre te agrada la corporalidad de algún que otro miembro del sexo opuesto, no creo que sea para tanto. Yo mismo me he topado con coños de un sabor desconcertantemente mexicano. Nacerte el deseo de tomar una Coronita con limón después no creo que te hace misógino. En fin.

Juanito Semilla de Manzana

¿Mi punto? Pongámosle música: This is the Dawning of the Age of Entitlement, the Age of Entitlemennnt. ¡Entiiiitlement! Ya viste que para odiar a alguien, lo que se dice odio, es necesario creer que ese alguien ha vulnerado algún derecho tuyo. Lo digo por experiencia. Cuando robaron en mi casa hace algunos años y se llevaron mi guitarra, aquí consta: odié pública y gárrulamente a esos ladrones durante un buen tiempo, por lo menos varios días, tal vez semanas, porque en mi inocencia pensaba que la guitarra era mía, y no un bien público. Poco a poco, como suele pasar, el odio se cicatrizó. Ya no ocupas el tiempo imaginando con mórbida fruición alguna desgracia acaecida a ese desalmado ladrón de instrumentos musicales, o atribuyéndole imaginarias maldades. Te das cuenta de que para ti es más importante la tranquilidad, y eso es algo que si te roban, es porque te la has dejado robar. Fin del odio y de tot plegat. Pero el recuerdo te queda. Odiar es como desear carnalmente: no solamente porque en cierta medida te obliga a caricaturizar al otro en tu mente, sino porque puede resultar estimulante en pequeñas dosis, pero seguir en lo mismo a lo largo, sin llegar nunca a la catarsis, te cansa y te amarga y te estropea. Vaya a ver una buena película: el odio te dura media hora, y luego, zas, el malo se cae del tejado, revólver en mano, y all's right with the world. Mejor eso, creo, catarsis instantánea y barata. Por eso, entre otras posibles razones, nunca me ha gustado mucho el odio. Ya bastante he tenido, a lo largo de la vida, con desear infructuosamente a todas horas a mujeres absurdamente fuera de mis posibilidades, como para querer llenarme la cabeza aun más con innecesarias animadversiones. Y encuentro que para no odiar a nadie hay una solución muy sencilla: es no creerte con derecho a nada. Si no tienes derechos, nadie te los puede vulnerar. Realmente es muy sencillo.

El problema es que si no crees en tus derechos, estás nadando a contracorriente de la Era Moderna. Por no hablar de la Constitución.

A veces parece que me he pasado la vida escuchando, con gran alarde de "I see" y "of course", las historias trágicas de otras personas que sí se creían con derecho a algo. Mi fuerte, entonces, sería simpatizar con esas personas y ofrecerles un hombro y un pañuelo. Pero no me pidan que enumere esos derechos suyos: no puedo, porque en lo personal hace mucho que renuncié a cualquier derecho que pudiera corresponderme, por lo que digo, porque me asusta verme en la supuesta obligación futura de odiar a alguien, y entonces, me resulta extraño e incomprensible ese mundo, el del entitlement. Y es por eso que a veces como que me desconcierta y me sume en zozobra ver cómo otras personas más constitucionalistas van creando alegremente derechos a diestro y siniestro: derecho al trabajo, a la salud, a la educación, a la comunicación verificada y oportuna, etcétera, y lanzando esos derechos por encima del hombro como Johnny Appleseed. A veces (no siempre) reconocen que para cada derecho existe una responsabilidad: algo es algo. Lo que parece no ocurrírseles es que para cada derecho hay un conjunto de personas nuevas (hola) que te lo pueden vulnerar o quitar, conjunto que acabas de crear de la nada, y por tanto, para cada derecho hay x mil o x millones de personas nuevas listas para ser odiadas.

Es decir: enseña a la gente a llenarse la boca de derechos, y estas enseñando a estas mismas personas a odiar. No a rechazar, a tener gustos diferentes, bizarras e interesantes, no a sentir alergia o indiferencia o a fruncir la nariz. A creerse víctimas de todo y de todos. A odiar.

El odio, en Ecuador, tiene un excelente futuro bajo el presente gobierno. Sigue con tus sabatinas y luego me contarás.

La guerra de los sexos

Para las feministas, ya se sabe, es misógino automáticamente todo aquel que no concuerda con ellas en todo, o que no se pasa los domingos por la mañana chequeando su privilegio. De lo que uno saca en claro que odio ya no significa un deseo de lastimar: significa simplemente rechazar, expresar desacuerdo, o incluso, aferrarse al pasotismo (acá: quemimportismo) frente a alguna que otra relevancia estridente. El odio, así, se vuelve cotidiano, y el lenguaje, más débil. Y creo que todo forma parte de una estrategia. No una consciente o deliberada, sino algo que se nos ha evolucionado mientras estábamos haciendo otros planes, y en que hemos caído en parte por culpa de nuestra atracción hacia las Grandes Palabras Antes del Watershed.

Ya no tenemos manera de referirnos con claridad a aquel sentimiento, aquella actitud, de creerse, muchas veces equivocadamente, víctima de una horrible conspiración, o de querer hacerle daño a quienes te han robado tu merecido premio. Hemos bendecido e instalado la paranoia en el centro de nuestra cultura. Si un odio recibe el beneplácito oficial, el del poder, se vuelve en la práctica invisible, es una actitud "natural" de "reclamo" o "reivindicación" hacia las múltiples injusticias de que nos hemos descubierto víctimas, siempre con ayuda oficial. Sin ese beneplácito oficial, cualquier desacuerdo, cualquier disensión se torna en rimbombante discurso de odio y se encuentra objeto de prohibición. La Verdad Única está servida.

Trae un marciano acá a la tierra (no, Carlos Marx Carrasco no. Algún otro) y pídele identificar a dos grupos de seres humanos que nunca, bajo ningún concepto, podrán odiarse mutuamente. Se lo pensará un buen rato, acariciándose la antena dubitativamente, y luego, se le iluminará el rostro y el ojo. - ¡Ya lo tengo - ! te dice entusiasmado. - ¡Hombres y mujeres! Claro: se necesitan y por lo general se atraen mutuamente.

Menuda inocencia, ¿verdad? Será que en su planeta peces y bicicletas se llevan de maravilla. Pero en serio: conseguir que exista tal grado de rencor como hoy existe entre mujeres y hombres (cadenas de búsqueda: MRA, MGTOW) ha sido tal vez la segunda hazaña más notable del feminismo, siendo la primera, el haber convencido a buena parte de la población que su movimiento tiene algo de progresista, o que su objetivo tiene algo que ver con una mayor igualdad. En realidad, y lo vemos cada día, la feminista de tropa se encuentra habitualmente defendiendo a su sexo, o sea hipostasiándolo, tornándolo en inamovible estereotipo y camisa de fuerza: no debes decir nada malo de "las mujeres", aunque se trate de un comentario intrascendente, jocoso, o bien nacido de una inaguantable dispepsia: se vuelve furiosa, te explica por qué el estereotipo de "nagging wife", por ejemplo, en realidad se debe a la posición de inmerecida sujeción de esa misma esposa, que de por sí, y obviando a todos esos roles de género inventados por los hombres e impuestos sobre ella, es un ser inocente, inmaculada, y sobre todo, víctima. Es curioso y llamativo observar que los más rancios estereotipos sobre "La Mujer", ésos que tienen que ver con su fragilidad, su debilidad, su absoluta falta de malicia o de potencial violento, su naturaleza etérea y virtuosa, su estatus de eterna víctima desamparada y desprovista de recursos propios, son los más encarnizadamente defendidos por esas supuestas progresistas, al tiempo que les encanta englobar a "los hombres" bajo la rúbrica de, por ejemplo, "violadores en potencia". Se diría que la feminista es, por tanto, la mayor defensora de un pasado ideológico que para gran parte del mundo se ha vuelto anacrónico tiempo atrás. El feminismo actual es, en gran parte, la lucha por la conservación del privilegio femenino, que en sí, en gran parte consiste en que se piense bien de ellas (donde por "bien", léase "de modo paternalista"). ¿Igualdad? Cuénteselo a las y los marines.

Y si no, que me expliquen cómo una conocida feminista en Twitter es capaz de decir que tal o cual mujer boba y frívola la hace "avergonzarse de su sexo"... como si el sexo fuera un equipo del cual uno tiene que ponerse diariamente la camiseta antes de salir al campo.

Yo, por mi parte, me niego a avergonzarme de mi color de ojos, y conste que lo comparto con Hitler, nada menos.

(Y ya que estamos: si a esa persona le puedo perdonar su feminismo, es porque en Twitter precisamente, me he dado cuenta de un hecho extraño y notable: ella es una especie de imán para pendejos. Lo tengo comprobadísimo. No entiendo el fenómeno, no lo he analizado, pero es así: pendejo que abre cuenta, pendejo que tarde o temprano se lía con ella en alguna discusión absurda e infructuosa, llena de equívocos y pomposidades y errores de ortografía. Supongo que en tal compañía, así sea virtual, al final cualquiera se vuelve un poco... raro. En fin, qué se le va a hacer. Life's rich tapestry and all that.)

3. Ya no me acuerdo.


martes, 28 de abril de 2015

Libre albedrío vs el tiempo

Tengo precisamente media hora antes de salir. A ver si puedo, en ese tiempo, convencerte de que tiene sentido hablar de libertad sin conjurar supuestas espiritualidades ni otras sustancias ectoplásmicas o flogistónicas por el estilo.

Estás conduciendo y el semáforo se pone en rojo. Detienes la marcha del carro. ¿Lo hiciste "en libertad", "libremente"? Algunos dirían que no: su definición de libertad excluye al acato a las leyes: si hay vigilantes que te multarán por no hacer cierta cosa, hacerla para evitar la multa no es indicio de libertad, sino de coerción. Otros, en cambio, dirán que sí: decidieron "libremente" pararse en el semáforo, "motivados" eso sí, por el deseo de evitar de pagar una multa (o de chocar con otro carro). Para ellos, la prueba de que la tal decisión es "libre" estriba en que no siempre se deciden por lo mismo: a veces sí se saltan el semáforo. Menciono el ejemplo para demostrar dos cosas. Primero, que la definición y el alcance de la palabra libertad no son siempre cuestiones simples. Segundo, que sin la posibilidad de decidir entre al menos dos alternativas, no tiene sentido hablar de libertad. La libertad se manifiesta en las decisiones, no en un hipotético y metafísico "ser o estar libre".

Cuando se habla de tomar decisiones se postula, necesariamente, una subjetividad que decide, una caja negra, un agente. Sabemos, gracias a los psicólogos y los neurólogos, que la tal caja negra en realidad contiene circuitos y maquinaria de enorme complejidad. No sabemos exactamente cómo funciona. No podemos predecir, por tanto, con gran nivel de certeza, sus decisiones.

Ahora, imagina que fuera posible predecir con absoluta certeza todas las decisiones que tomara esa caja negra. O si quieres, imagina que tú tienes posado en tu hombro a un malévolo demonio. Este demonio, dotado de un perfecto conocimiento de ti y de tu entorno, te va diciendo en cada momento lo que vas a hacer, lo que vas a decidir. ¿Qué sensación de libertad te quedaría? Imaginalo. Me levanto y el demonio dice: vas a hacerte un café, siempre lo haces. Cojo el carro y el demonio dice: vas a hurgar en tu nariz y depositar los mocos sobrantes cuidadosamente dentro del cenicero del carro, pegados a la superficie interior: siempre lo haces. Luego, vas a quedarte en la esquina esperando que pasen los camiones. Vas a silbar mientras tanto los primeros compases del Golliwogg's Cakewalk, de Debussy. Al final, la única manera que te quedaría de sentirte libre sería intentar hacer lo contrario de lo que dice el demonio, para frustrarlo: pero no puedes, porque él te conoce a la perfección y hasta tus intentos de frustrarle los predice de antemano. Es físicamente imposible para ti hacer algo que él no te haya dicho con anterioridad. ¿Podrás seguir llamándote "libre" en tal caso, condenado como eres a hacer todo lo que él te diga? Creo que no.

Hay dos cuestiones interesantes aquí. Primero, que parece una paradoja lo descrito aquí, una predicción que vierte sobre tu libre decisión y que no puedes falsear decidiendo lo contrario. Es hasta difícil imaginarlo. En segundo lugar, vemos que lo que se opone a la libertad en este caso no es la coerción en su sentido más burdo: es el perfecto conocimiento, el saber todas las causas que pueden incidir en un determinado efecto. A eso se opone el dualista postulando una "sustancia" especial que tiene el atributo especial de producir decisiones impredecibles, lo que en este contexto ha de significar aleatorias: algo así como esos generadores de números aleatorios que hay en muchos juegos de computadora. A mí me parece infantil y contraproducente esta estrategia. Nuestras decisiones no son aleatorias, ni parecen siquiera tener "elementos aleatorios", por lo menos para quien esté habituado a la introspección. Más sensato, creo, es postular que el conocimiento perfecto no solamente es algo que se nos escapa y que siempre se nos escapará, sino que, tal vez, es una imposibilidad lógica. Si el universo tiene un tamaño x, para conocer la posición y la velocidad de cada una de sus partículas necesitaría un cerebro de tamaño x * y, donde y sea un número mayor que 1, entonces ya estamos jodidos, pues ese cerebro no cabe en el universo donde está condenado a residir. Si existe Dios y él sí "lo sabe todo", bien por Él, pero no veo cómo, ni veo la necesidad de postular su existencia, ni veo en qué eso nos ayuda a ser libres. Más bien lo contrario, como argumenté en otro lugar. Un Dios omnisciente sería, en la práctica, lo mismo que ese demonio: la negación viva y manifiesta de cualquier pretensión de libertad que pudiéramos tener.

En breve: libertad es a fin de cuentas un término epistemológico. Significa la imposibilidad (teórica o práctica, tú decides) de saber qué decisión va a tomar un ser dotado de la suficiente complejidad como para cumplir con la definición de "agente". Y su relevancia constante se garantiza por el hecho de que existen personas que quieren volvernos predecibles a todos... para fines que, eso sí, no requieren de mucha sapiencia ni de mucha física cuántica para conocer a la perfección. Y ahí se me acaba el tiempo. El lector dirá si algo de esto tiene sentido o no.

Dios es Pinochetista

Un repaso rápido (eso espero) de las secciones de (O) de hoy. Se acerca el primer día de clase, y con él, el deseo de postear solamente enlaces a canciones en YT con los que, intermitente y fugazmente, consigo burlar mis angustias. O sea, me quedan pocos días para ponerme filosófico. Se agradece, por tanto, todo artículo de opinión con el que puedo disentir y así convencerme de que mi pensamiento entero no consiste en obviedades y perogrulladas, cosa que a veces sospecho, sobre todo últimamente.

Con relación al articulo de la doctora Mancero, sólo decir que me duele leer algo así de parte suya:

La lengua es una construcción colectiva y cultural, y está sujeta a cambios e innovaciones, pero también expresa en sí misma los odios sociales y las discriminaciones que persisten en los grupos humanos.

Como lingüista, no puedo dejar pasar esto. La lengua no "expresa" nada: nunca lo ha hecho y nunca podrá hacerlo. La lengua es un medio a través del cual las personas expresan cosas, o por lo menos lo intentan (como anotaba Orwell, prueba de describir con precisión y poder evocadora la cara de un amigo y te darás cuenta de la dificultad que tal empresa puede encerrar). Cualquier lengua moderna, el inglés por ejemplo, el español, sirve tanto para "expresar" odios sociales y discriminaciones como para rechazarlos, se supone que con la misma facilidad: todo depende de lo que uno escoge hacer con ella. Culpar al idioma de los prejuicios propios que desfiguran sus pronunciamientos hace tiempo que se convirtió en moda en muchas partes del mundo, pero no deja de ser una solemne ridiculez.

¿Ejemplos? En EEUU, hay gente, según el autor Robert Hughes (The Culture of Complaint) que rechazan la palabra niggardly (meqzuino, aproximadamente) alegando una supuesta relación con nigger que nació en su propia malsana imaginación, o que "prefieren evitar" la inocente picnic por causa de una leyenda urbana espeluznante, de nuevo fundamentada en la proyección de una obsesión racista no declarada, y sin sustento histórico alguno. Hay feministas anglosajonas que aún rechazan el término rule of thumb porque nadie se ha tomado la molestia de desasnarlas respecto a una supuesta "regla" de ese nombre, legitimadora de violencia doméstica, que en realidad nunca existió. No sé que nombre dar a una persona tan imbécil que va por el mundo blandiendo etimologías falsas para desacreditar a otros, sobre todo en la era de Google. Pero en el mismo caso, exactamente, están los que aducen, como hace la doctora Mancero, que sin un "código especial para visibilizar a las mujeres como el signo de arroba @", estaríamos expresando, pues eso, "odios sociales y discriminaciones", los cuales acechan, camuflados, en el propio idioma, o que la palabra "los" que el lector atento encontrará tres líneas más arriba, refiriéndose indistintamente a hombres y mujeres, "invisibiliza a las mujeres".

Y lo irónico del caso es que suelen ser las mismas personas que alegan eso, las que en otro momento arremeten contra quienes, en su opinión, "confunden" sexo y género. La realidad del caso es que en el campo de la lingüística por lo menos, estas dos palabras siempre han tenido significados distintos y cuidadosamente diferenciados: el género de un sustantivo no tiene necesariamente nada que ver con el sexo, y tanto es así, que en los idiomas romances y germánicos, entre otros, las cosas pueden tener género donde ni un loco les asignaría un sexo (la mesa, el charco), y por otra parte, los seres vivos que sí tienen sexo muchas veces son evocados con palabras que tienen un género gramatical no acorde con ese sexo (tanto Mädchen en alemán como virgo en latín son palabras que se refieren a personas de sexo femenino, pero que gramaticalmente son neutras: y mejor no hablemos del coño y de la polla tan mentados en el español ibérico). De modo que sólo un completo ignorante podría argumentar que el uso preferencial del género masculino en la gramática de ciertos idiomas para englobar a seres de distinto género establece o refleja una preferencia por el sexo masculino en algún otro ámbito. Simplemente, no tiene nada que ver una cosa con la otra. Es una falacia como un coliseo, y si la RAE la rechaza, uno no puede menos que aplaudir tamaña defensa del humilde y barriobajero sentido común en contra de las y los profesionales de la queja y de la fáctica indignación.

Pasemos al Universo. Hace mucho que admiro al articulista Alfonso Reece por la sagacidad y contundencia de las opiniones que expresa, y por tanto, antes de entrar a discutir sus enunciados en el artículo de hoy, diré que aunque no estoy de acuerdo con lo que dice, se agradece el esfuerzo poco corriente de destapar los supuestos filosóficos que subyacen en sus artículos, recordando lo dicho por Eleanor Roosevelt: las grandes mentes hablan de ideas, las mediocres de eventos, y las pequeñas, de personas. Dicho esto, no pudiera estar más en desacuerdo con las ideas expresadas en el artículo, sobre todo ésta:

Me parece evidente e indudable la existencia del espíritu como sustancia distinta y trascendente a la materia.

Creo que es arriesgado calificar como "indudable" algo de que muchas personas han dudado, y más cuando hablamos de sustancias que por su naturaleza no admiten de comprobación empírica de ningún tipo. Para Reece la prueba de que existe dicha sustancia es simple y práctica: sin ella, no tiene cómo explicar el libre albedrío. Para mí, la prueba de que no existe es igualmente simple y práctica, y consiste en un gran mazo de madera pesada, tipo los que manejan los exiliados dioses escandinavos, con que al partidario del "espíritu como sustancia" se le propina, con fuerza moderada, un mamporro en la cabeza por sorpresa mientras mira por otro lado. Cuando el partidario del "espíritu como sustancia" se despierta, minutos después, se le interroga respecto a las actividades y a las propiedades manifiestas de esa sustancia durante los últimos cinco minutos. Si el partidario del "espíritu como sustancia" tiene un mínimo de honradez, tendrá que reconocer que todos esos indicios habituales de la presencia y de la existencia de tal sustancia brillaron por su ausencia o inaccesibilidad durante el tiempo que duró el estupor fruto del golpe, por lo menos, frente a su propia subjetividad que hasta ese momento era puente de acceso privilegiado hacia la tal sustancia... así demostrando que el espíritu en tanto objeto de experiencia subjetiva es totalmente dependiente del sustrato material que posibilita la tal experiencia. Si este experimento les parece demasiado violento, de acuerdo, pero hay otras variantes. En mi propio caso, dejé de creer en el espíritu como sustancia en el transcurso de mi primera borrachera, a los 15 ó 16 años creo que fue, cuando durante un buen tiempo, tal vez unas cuantas horas, mientras yo yacía en la alfombra de mi dormitorio, incapaz de levantarme ni apenas de moverme, se escenificó en mi cuerpo y en mi mente la absoluta dependencia que ésta mostraba respecto a aquél, de modo que un ligero cambio en la homeóstasis de mi sangre y de mis hormonas cerebrales, no solamente me imposibilitaban el movimiento físico, sino que reducían todo el campo de acción y de exploración de mi cerebro al núcleo oscuro de la angustiada lucha por la supervivencia y el impotente rechazo al dolor que se había apoderado de mí.

Son cosas que supongo que uno debería haber vivido.

Todo y así, a mí me parece que palabras como espíritu cumplen una función útil dentro de ciertos discursos, con tal de que tengamos clara la naturaleza emergente y contingente de dichos entes o metafóricas sustancias. Si no...

El espíritu debe provenir de una fuente trascendente a las cosas, tal como lo es el propio espíritu con respecto a la materialidad humana, al cuerpo. ¿Dios? ¿Si no, qué?

Si no tenemos claras ciertas cosas, caemos en la trampa de "Dios, si no, qué".

Es llamativo que aun en el s. XXI y en plena decadencia hacia la irrelevancia y el anacronismo, la religión cristiana todavía consigue arrastrar con el meme de que si no eres religioso, eres inmoral, y también de que si no eres dualista, eres determinista (a más de frívolo, egoísta y codicioso, entre otras cosas). Respecto al primer enunciado, tiene cierta discutible justificación pragmática (una religión como el cristianismo tiene el poder de persuadir a muchas personas de actuar con mayor finura ética de lo que harían sin él: si, es posible), pero a fin de cuentas, no tiene mucha racionalidad. Se dice que "sin Dios, ¿en qué basamos nuestra moralidad?" Lo lógico sería preguntar "¿y con Dios?" La simple existencia de un supuesto Ser Superior no nos obliga, filosóficamente, a aceptar cualquier sistema de moralidad de su (supuesta) autoría: en la práctica los cristianos sí aceptan la moralidad de la Biblia, pero mayormente por miedo, con lo que la "verdadera" moralidad que el cristianismo apoya no es más que el precepto "cuídate tus espaldas", lo cual se demuestra en el hecho de que para ser tomado en serio, el cristianismo se ha visto obligado a nivel mundial a crear toda una terrorífica teleología hecha de lagos de fuego, de torturas eternas y atroces sufrimientos para los infieles. La moralidad de Dios es abiertamente pinochetista: "obedece si quieres evitar problemas, ya sabes cómo terminan los que me caen mal". A eso se reduce la "moralidad" cristiana, que debe contar entre las más mezquinas, ruines e inhumanas jamás inventadas.

Por otro lado, un materialista filosófico no tiene por qué ser "materialista" en el sentido popular (o sea, apegado a las posesiones o a las experiencias puramente sensoriales): esto es un simple equívoco lingüístico.

En cuanto a la libertad que supuestamente nace del "espíritu como sustancia" y cuya existencia (que no pongo en duda) estaría reñida con un universo no dualista... bueno, hace tiempo escribí un artículo sobre el tema para gkillcity, que no recuerdo si copié acá o no: en todo caso, a estas horas no sería sensato abordarlo, así que lo dejo para otra ocasión, remarcando solamente que existe en la filosofía una escuela llamada compatibilismo, que considera que el libre albedrío no está en absoluto reñido con lo que sabemos de las leyes que rigen el universo material, y que en todo caso el tema tiene matices y bemoles filosóficos que difícilmente caben en artículos de opinión o posts como éste, pero en todo caso, no reconocer siquiera la existencia de estas escuelas y de estas opiniones da un poco la sensación de un penoso provincialismo intelectual. A este paso nos tocará ser krausistas... Dios nos libre.