sábado, 20 de septiembre de 2014

La timidez es un bien público

Últimamente mi mente es como un viejo compositor a quien le han echado ácido en la cara. Va corriendo de un lado a otro. A cada paso se golpea contra un obstáculo: una obligación, una responsabilidad, una realidad desagradable. La palabra "vacaciones" hace mucho que adquirió para mí una pátina mística y mítica. Imagina: ¡disponer de un día entero sin nada que hacer!

Hace tiempo hablé de la timidez de Lennon, y del derecho inalienable de toda persona a describirse como "tímida", aunque le chifle aparecer desnuda en la portada de un álbum. Hace menos tiempo hablé con [borrado por el Alzheimers] en Twitter sobre eso de que la información sea "un bien". A mí me sigue pareciendo que una abstracción difícilmente puede ser un bien, aunque todos los bienes, al hablar de ellos, se transforman ineluctablemente en abstracciones. Buena razón, entre varias, por no prestar tu carro a un economista, peor tu economía. En fin. A mi edad hay que dejarlos ir. Quieren que la información sea "un bien público", pues adelante, qué se le va a hacer. Pero a perro viejo...

Si la información es un bien público, también lo será la timidez. No hay rivalidad ni exclusión. Tu timidez no me quita de la mía. Puedo ser timidísimo y tú también. Seguramente, ser tímido puede consagrarse en derecho sin molestar a quienes importan. Tal vez lo agradezcan y todo. Mientras sigas votándoles tímidamente.

Lo único que viene a joder son las definiciones. Todos tenemos derecho a ser tímidos, pero ello no significa que todos lo seamos. Si quiero definirme de esa manera, tengo que cumplir con unos mínimos requisitos, como por ejemplo, no ir a trabajar vestido de tanga en piel de leopardo. Esos requisitos los determina el diccionario, cuyo contenido, a su vez, nace de un consenso parcial pero suficiente, con una pizca de subjetividad como guinda. Me gusta eso. Me gusta cómo funciona el mercado. Nadie me quita que yo defina "timidez" a mi manera. Simplemente, arrasará mi peculiar concepto, o no encontrará compradores. Eso es todo.

A los gobernantes eso no les gusta tanto. Quieren que "la información" signifique, para todos y sin discusión, aquello que ellos quieren que significa. "Pulso Político" es información. Sus rivales, prepotencia. Lo mismo pasa con "público". ¿El Kulo de la Kardashian es un bien público? En lo que a simple contemplación se refiere, parece no haber rivalidad ni exclusión... pero en último término, constitución en mano (mejor dicho, tribunal constitucional en bolsillo) la cuestión se decide de la siguiente manera: ¿fregará a alguno de nuestros enemigos? ¿Servirá para avasallar más a la población? ¿Podremos sacarle algún beneficio económico? De ser así, pues a estatizar se ha dicho. Bueno, cuando ella por fin se decida darse unas vacaciones en Manta. Buah.

Que disfruten de su contubernio de sacapintas, y que vivan felices por muchos años. Yo ya tengo cita con las húmedas mazmorras que se extienden por debajo de la ópera.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Revolución cultural

En un mismo día, en el Telégrafo, dos intelectuales burocráticos de peso, un Fabrizio Reyes de Luca por un lado y un Pablo Salgado Jácome por otro, se enzarzan en un diálogo de sordos. El uno dice que "el arte y la cultura" entran en los "seis aspectos" que "reclaman la atención de cualquier propuesta" en torno a la reducción de la pobreza. El Estado, por supuesto, "está llamado a una intervención decidida" en ese tema. El otro explica que ya ha habido, y hay, tal intervención decidida por parte del Estado, que cada año entrega "importantes recursos económicos", robados del sufrido contribuyente, a los artistas, y que sin embargo, hay "crisis" en el sector. Es decir, los "artistas" favorecidos con esos dineros robados, en lugar de escribir imperecederas novelas, libros de poesía y obras de teatro, o de dirigir inmortales películas, o de componer importantes sinfonías, o de embellecer los aseos públicos con sus significativos grafitos, todo a mayor gloria de la Revolución Ciudadana, prefieren embolsillarse la plata y gastárselo en farras en la zona rosa y en putas de la 18. Claro, porque para ser artista primero hay que vivir un poco, ¿no es así?

Me pregunto quién tirará la primera piedra. Yo no, por supuesto. Mi solidaridad de artista fallido (la parte "vivir" más o menos me salió a pedir de boca, la otra no tanto) me lo impide. No diré que haría exactamente lo mismo que ellos, pero... bueno, reconozcamos por lo menos que no es lo mismo ganarse algo con esfuerzo que encontrarse la plata llovida del cielo (por oficios del SRI). El destino de los fondos obtenidas de una y otra manera suele ser bien diferente. Y he aquí el punto.

El otro día, en el mismo diario, nos deleitaron con la noticia de que Ecuador es el país más democrático del mundo, o casi. El World Values Survey así concluye, basándose en unas encuestas recientes. Bien. No voy a ponerme a pelear con un millar de encuestados anónimos por unas apreciaciones de discutible interpretación. Lo que interesa del sitio web del WVS es, para mí, esto:

  1. People’s priorities shift from survival to self-expression values as their sense of individual agency increases (or backwards from self-expression values to survival as the sense of individual agency decreases).[5]
  2. The largest increase in individual agency occurs with the transition from industrial to knowledge societies. Consequently, the largest shift from survival to self-expression values happens in this phase.[5]

No hay cómo perderse, ¿verdad? El infeliz (yo) que pelea a diario con la aritmética Micawberense, intentando mantenerse a flote en una mar de compromisos financieros (ya no quieren que el pequeño siga en esa escuela barata de Durán; hay petición de nevera nueva; el subsidio al gas peligra, toca conveccionarse rápido; mi maestría puede o no servir en el 2017, senescyt volente, por lo de la materia afin) vive en un universo absolutamente separado del de, digamos, el asambleísta de tropa o el columnista del Telégrafo, donde los problemas de la supervivencia ya están resueltos, y sólo toca autoexpresarse. Es imposible que habitantes de estos dos mundos, el de la cruda supervivencia y el de la autoexpresión, lleguen a entenderse, pues parten de valores diferentes. O tal vez no tan imposible. Si eres expresionista, medita lo siguiente:

Los "recursos" ("económicos" o no: también hay el atún), eso que tanta falta hace, eso que salvamos de entre las mismas fauces del tiburón, no son un grande y maravilloso pastel que sólo falta "repartir", y si cae algo al suelo, pues para los perros (léase, asambleístas) y tranquilo, pues para todos hay, y mucho más.

El enemigo no es aquél que tiene en su plato dos tajadas de pastel, porque llegó antes y se sentó en la silla más estratégica.

Los recursos son una llama que hay que seguir soplando para que no se extinga. Los recursos son jodidamente escasos. Por eso hay toda una materia universitaria, una carrera, una profesión, dedicada por entero a su jodida escasez. Se llama economía, la ciencia de la asignación de lo jodidamente escaso. Y desde el momento que empiezas a dar de patadas a los sopladores de la llama, a los que realmente producen estos recursos, y les robas su plata y la regalas a vividores, con ínfulas artísticas o sin ellas, porque te fascina más la #igualdad que la razón aurea, y porque quieres que hagan una película en tu honor, y si luego hasta te pones a robar a las generaciones venideras, porque has ideado un sistema económico que te lo permite, pues antes de proceder, ponte a leer sobre la colectivización agrícola soviética, o si no te convence, habla con un venezolano, de los que no rezan padrenuestros a un bufón occiso o tienen pajaritos en la cabeza.

El enemigo es eso mismo: la escasez, y el trabajo que nos cuesta superarla. No hay para ningún perro. El mundo no está diseñado de esa manera.

"The largest increase in existential security occurs with the transition from agrarian to industrial societies"... precisamente por eso, por una ilusión óptica, porque ya no ves de dónde viene la comida que aparece en las tiendas, y por tanto, te quedas con la superstición de que, como tiendas muchas hay, vivimos en medio de una cornucopia de "recursos", y si no te tocan todos los "recursos" que quisieras, debería ser por alguna injusticia.

En fin. Casi produce ternura ver cómo esos dos grandes intelectuales se dan de cabezazos contra la pared de la propia incomprensión, al preguntarse cómo puede ser posible que un gobierno tan, tan revolucionario no haya podido generar una "cultura", unas "expresiones artísticas" de majestad conmensurable. El uno termina por la vía paternalista-autoritaria, explicando a los artistas que sus producciones "pueden ser la construcción de una visión ‘disidente’ con respecto al mundo dominante del cual los pobres son excluidos y la irrupción de la aspiración a una vida digna." Es decir: basta de huevadas, ustedes son pobres, verdad, pues a retratar pintorescamente la propia pobreza y su aspiración a una vida digna, y no olviden decir quiénes les ha facilitado esa vida digna, toma, aquí tienen su cheque, manos a la obra. El otro se acerca al tema por la vía de la paradoja en el mejor estilo Zen: "La cultura y la creación existirán siempre; al margen del ministerio o, mejor dicho, a pesar del ministerio. Por ello es hora de que el nuevo ministro Francisco Borja abra de par en par las puertas e inicie una gestión incluyente y participativa." Es decir: la creación necesita estar desvinculada de la política, y sólo es posible "al margen" de ella: por tanto, hay que hacer lo posible para que el creador encuentre a un político cada vez que meta la cuchara en la sopa. Ustedes traten de entenderlo: yo ya renuncié.

Con lo fácil que es abrir un libro de historia del arte, de la literatura, de la rama que sea, y darse cuenta de que los fondos gubernamentales son para la creación artística más o menos como la sal para las babosas.

Y con lo fácil que es abrir un libro de economía y encontrarse también el por qué.

Si la misma expresión "Ministerio de Cultura" no te produce una mueca de sorna cada vez que la escuchas, es que te falta afinar un poquito el intelecto. Cultura y política no son complementarios: son antónimos. La auténtica revolución cultural será cuando aprendan a dejar la cultura en paz.

Por qué hubiera sido mejor la independencia escocesa

Los Irrelevantes

Siendo una trepidante serie televisiva imaginaria tipo años 60, con tema imaginario de John Barry tocado en clavecín, sobre un dúo de espías/agentes secretos/detectives privados imaginarios que tienen el peculiar talento de dirigirse siempre, a toda prisa, no al lugar de los hechos, sino a otro lugar, digamos, al lugar de los no hechos. Así, mientras en la embajada finlandesa se coloca una bomba o se roba una microficha, nuestros forzudos héroes irrumpen equivocadamente en la embajada ecuatoriana, donde no sucede absolutamente nada. El punto de la serie, que si fuera joven hasta me encargaría de proponer a algún productor, no es solamente el homenaje a las grandes series sesenteras (homenaje un poco en plan Italian Spiderman, digamos), sino la constatación filosófica de que en la irrelevancia reside, precisamente, el encanto, el aprendizaje, la sabiduría, inclusive a veces el totty. En el caso que nos ocupa, tras constatar que, efectivamente, en la embajada ecuatoriana no sucede estrictamente nada, tratándose como se trata de un país mundialmente irrelevante, nuestros héroes se topan ahí con un tipo interesante, un viejo barbudo, canoso y estropajero llamado Assange, que entre araña y araña les cuenta más o menos la siguiente historia:

Una vez fui un hombre famoso. Dirigía un sitio web llamado Wikileaks. Todo el mundo quería conocer mi opinión sobre las cosas. Luego me lié con una sueca, o un par de ellas, ya no me acuerdo, una de ellas me acusó de tener una leaky wick, y todo se jodió. (Niños: cuidado con las suecas.)  En aquel entonces el gobierno de EEUU me la tenía jurada, aunque ya no recuerdo por qué. Son tantos años... en fin. Aprovecharon lo de las suecas, y la eterna genuflexión de los británicos, para meterme en esta embajada de mierda. Al principio no era tan malo, es decir entonces el personal del lugar no eran todos cristianos Casio, y uno no tenía que aguantar esta musiquilla... ¡Cállense de una puta vez, me están entrevistando! (el coro de¨"Trayendo En Las Chivas" de la habitación de al lado se disipa momentáneamente) Ya ves. En aquel entonces yo pensaba que era alguien importante, que sólo era cuestión de tiempo antes de que alguien me sacara de aquí, y me dieran pasaporte para ir, no sé, a Ecuador mismo, o Australia, o a Liechtenstein, en fin, la cuestión era salir. Pero pasaron los años, murió medio mundo del ébola, y la gente se fue olvidando de Wikileaks, de mí, de las suecas, de todo un poco, hasta que ahora, cuento mi historia y nadie se lo cree. Para esta gente de acá soy nomás "ese viejo", una especie de mascota demente que viene con el lugar, como cuando te instalas en una casa y resulta que tiene una iguana que vive en el techo, y piensas: bueno, ella estuvo antes. Así que seamos caritativos, démosle de comer. En realidad no me dan mucho para comer, y la verdad, yo a esas cosas no me adapto, "seco de gallina" le llaman a esa broma indigerible que ves ahí sobre la mesa, así que últimamente me he acostumbrado a atrapar y a comer estas arañas, que en realidad son bastante sabrosas, y de vez en cuando alguna rata, de esas grandes que tanto hay en Londres ahora, según dicen y según veo. Necesitas bastante puntería para dar con sus pequeñas cabecitas con algún misil improvisado, por ejemplo, un Nuevo Testamento de los Gideons, y ahí me ejercito, y así me paso los días, los días que se suceden eternamente y sin grandes cambios.

La verdad, no sé lo que habré sido antes, en la juventud, todo parece un sueño, y muy lejano. Pero sé lo que soy ahora: un cazador de ratas. Si quieren mi currículum, a eso mismo aproximadamente se reduce. Soy cazarratas. (Se pone a toser.)



Una vez conocí a una chica. Fui feliz a mi manera, a la manera de la juventud, que consiste en pisotearlo todo. ¿Ella? Habría que preguntarle. La cosa no duró mucho, pero me dio apetito para el ron, que desgraciadamente aquí no hay, siendo un lugar (escupe) cristiano. Separarme de ella y dedicarme a la borrachera permanente fue todo uno. Hasta que al final, ya sabes, a altas horas de la noche aparecen esos tipos siniestros que a todo dicen "neoliberalismo". Ya sabes: "tráenos una mata de arbustos o te diremos neoliberalismo". No, en serio. Hubo un tiempo en que si alguien me decía en medio de una conversación "neoliberalismo" me quedaba como embelesado. Me decía: este es un gran tipo. Hasta hubo uno que decía que mejor Escocia se separe de Londres para alejarse de tanto neoliberalismo que hay aquí. A lo mejor se refería a las ratas.

Son cosas. Con los años, poco a poco vas aprendiendo la humildad. Creo que es por eso que los viejos se acuerdan tan mal de su pasado: no dan crédito a lo en serio que se tomaban a sí mismos. Y como las personas que se toman en serio son precisamente las más aburridas, ¿de qué tendrían que acordarse?

Al final, por absurdos que hayan sido, uno sólo se acuerda de sus amores.

Decepción y miedo

Qué decepción. Pero antes de ceder a la tentación de señalar como escojudos a los escoceses, que acaban de rechazar sin desenvolverlo siquiera un regalo maravilloso, con hartos pozos petroleros incluidos, escuchemos las sabias palabras de una brasileña residente en el R.hU. y citada en El Telégrafo:

"No creo que los escoceses quieran estar en el Reino Unido pero tuvieron miedo de cosas como el cambio de divisa. Y no les culpo. Soy brasileña, y cambiar de moneda es horrible, te acuestas con una cantidad de dinero y al día siguiente tienes otra", dijo Andreia Rodrigues, de 38 años, empleada de una cafetería.

La distancia, las nieblas, etcétera, pero creo que probablemente da en el clavo. Han tenido miedo. Quien no haya tenido nunca miedo, que tire la primera caber.

Pero... qué bueno hubiera sido, también, si no fuera por ese incalificable Salmond, que prefirió no afrontar acusaciones de megalomanía, dejando a la reina como hipotética jefa del Estado Independiente (¡¿?!) e incluso prometiéndole a ese Estado un futuro dentro de la Unión Europea, lo que equivale a liderar una opción secesionista dentro de una granja de pavos, prometiendo que aunque llegue a existir el Corral Independiente de los Pavos Cuellirojos, tranquilos compañeros, igual seguiremos adornando los mismos platos navideños, con las mismas coles de Bruselas y el mismo relleno. Bah. Bah, y recontrabah.

El miedo es consustancial al ser humano, sí, señora. Me incluyo. Si hacen un referendo secesionista en Guayaquil, lo primero que pienso: "soy viejo. ¿Y mi trabajo?" De hecho, pienso eso cada día, y sin referendo. Mejor lo malo conocido, etcétera. Aquéllos que no tienen "nada que perder, salvo sus cadenas" sólo existen en la ficción barata. Los demás, aun dentro de la mayor postración y la mayor desesperación, seguimos aferrados a nuestras míseras y contingentes seguridades. Y los políticos lo saben. Un revoloteo de manos, un abracadabra, y del sombrero de copa más vació, del pañuelo de seda más inocente, sacan un miedo.

Pero luego alzamos la vista y a través del terreno mundial, hasta el chamuscado horizonte, sólo vemos a simios encorvados y agachados, con la mirada perdida, a la espera de que esa nube de miedo que casi les aplasta se levante y les permita caminar erguidos.

martes, 2 de septiembre de 2014

What's wrong with a kiss, boy?

Me hago viejo. Hasta yo me doy cuenta. Para mí, una novela romántica, apta para consumo femenino, era una historia sobre un tipo llamado Jasper o Brett o Rocco o Rollo, que era heredero de una inmensa fortuna, o bien médico famoso, que tenía un oscuro secreto pero nada que no pudiera solucionarse instantáneamente con el desabrochar de un sostén, una vez resueltos todos los malentendidos y allanado el camino al altar. En esa historia siempre habría una cena romántica en un restaurante, y un intercambio de misivas, y una sugerente dedicatoria, y lo que el tipo no sabía sobre vinos se podría inscribir con perfecta caligrafía sobre los testículos de una hormiga. Ese mundo, al parecer, ya no existe.

Lo que la chica de hoy quiere leer es bien otra cosa. No hablemos de las Sombras de Gray o novelas de nalgadas, que todavía se ajustan bastante, digamos religiosamente, al canon romántico. Olvidémonos inclusive del género vampírico, aunque ya perturba un poco que la mujer posfeminista quiere no solamente que le vapuleen la colita sino que también le pinchen el cuello, al parecer no al mismo tiempo (por ahora). No, lo que me deja realmente perturbado es esto:










"Estoy harta de los hombres. No devuelven las llamadas. No quieren comprometerse. Nunca se acuerdan de tu cumpleaños. Pues yo digo, basta. A partir de ahora, si salgo con alguien va a ser con un reptil de siete toneladas y cuatro metros de alto, dentadura enorme llena de mortíferas bacterias, brazos cortos y atrofiados, y un rugido horripilante. Para que vean."

La verdad, me siento viejo.

Disnealandia

Tocan exámenes. Toca ser buitre, inmóvil, escudriñando el aula. Traigo cola y caramelos pero no son suficientes. El sueño, agachado, acecha detrás de mi cabeza. En cualquier momento ataca, y luego no sé si habré cerrado o no los ojos, ni el tiempo que habrá pasado. De reojo, miro el reloj. Al parecer, la dormitada duró apenas un minuto, al igual que la de ayer en el semáforo. Cuando te duermes en el semáforo la gente pita: acá no. Algunos ojos especulativos se han dado cuenta. Son pocos, o bien, los demás hacen ver que no ven. Es curioso eso de no saber si tus ojos están abiertos o no. Es que acá da más o menos lo mismo. Nada se mueve. Vista o memoria, lo mismo da. Lo único que se mueve es el pensamiento, y éste, a galope de caracol.

A Correa le se subieron los humos hace mucho: ahora, quiere subírnoslos a nosotros, también.
"El que quiera seguir envenenándose, lo puede hacer, pero que pague un poquito más cuando la propia sociedad tenga que atenderlo por su propia irresponsabilidad", manifestó el Presidente en su intervención ante los medios. Pues yo tengo una mejor idea: irresponsabilidad o no, que cada uno pague lo suyo. Ahí ya no habría injusticia, ni puede haber quejas. El que, como yo, haya fumado toda la vida, el día que necesite, como yo, de algún cuidado médico, que lo pague de su bolsillo, y si no puede, que medite el significado de "responsabilidad" mientras enchufa la manguera al tubo de escape del automóvil. Pero mientras... ay, mientras. Si no fuera porque toda la vida uno ya ha pagado, con cada paquete de cigarrillos, entre el 60% y el 80% (según país) en impuestos, sumando miles de dólares; si no fuera porque este "que pague un poquito más" se le ha instalado en los oídos como una suerte de acufeno estatal, aplicable a todo y eternamente renovable; si no fuera porque la obligación de financiar obligatoriamente alguna supuesta enfermedad posterior hace años se le hace patente en las deducciones mensuales al salario; y si no fuera porque eso de que "la sociedad" "atienda" al enfermo de enfisema se traduce, en la práctica, en una media docena de llamadas y visitas baldías al hospital ése de la Bahía para ver si ya funciona el maldito espirómetro, que lleva como un año "averiado", cosa que sorprende ya que demostrablemente lo único que realmente hace falta para medir la capacidad pulmonar de un sujeto es un simple globo de fiesta (claro que necesitas ese tipo de dedos que pueden hacer el nudo); si no fuera por todo eso, digo, tal vez las palabras de Correa tuvieran algún sentido. Pero pedir que el Presidente diga algo sensato ya será quijotesco en grado culposo.

- ¿Qué quieres, entonces, que los políticos sean buena gente?
- No, no es precisamente eso, pero...

La política nos convierte a todos en fumadores pasivos: tenemos que respirar diariamente los odios ajenos, a través de las noticias que nos acechan en cada esquina y en cada televisor. Ni por un momento debemos olvidar, sino aprender y digerir, la extensa letanía de sectores y personas, reales o imaginarias, que son odiadas por el Presidente, con el infinito amor que caracteriza a ese tipo de odios. Es casi un alivio encontrarme, de repente, metido en esa lista, por el hecho de estar enfermo con una enfermedad que pudiera haber evitado con un poco más de voluntad y dedicación, y (tal vez) un poco menos de ese estrés y ese desazón provocados habitualmente por los mismos políticos. Bajo esa óptica suya que todo lo polariza, ya hay enfermos buenos y enfermos malos: quien haya conocido la enfermedad sentirá alivio de conocerse entre los malos: así, podremos practicar la solidaridad entre nosotros con algo más de privacidad.

Si no fuera por este sueño...

Son cosas que no te cuentan de niño. La enfermedad respiratoria en lo que más se nota es la incapacidad de dormir, y la concomitante incapacidad de estar totalmente despierto. Habitas, a partir de cierto momento, una especie de penumbra, de tierra de nadie, entre sueño y velo, que se traduce en mantras detrás del volante, y en una permanente confusión respecto a tu estatus vital. ¿Vivo o muerto? ¿A alguien le importa? How could they tell? Y sigamos con los exámenes.