martes, 14 de octubre de 2014

La Restauración Conservadora

El "Tintin", o "Restaurador Conservador", imaginado por el dibujante del diario Extra

Hace unos años una bicicleta chocó contra el portal de una de esas grandes mansiones que se encuentran en ciertas avenidas de los sectores más exclusivos de Urdesa. El choque no fue excesivamente grande (el tipo iba a unos 4 kph), pero inmediatamente después del impacto, se derrumbaron dos paredes exteriores, quedándose en polvo fino; asimismo, gran parte del techo de la primera planta se desplomó, el bar con sus botellas de ginebra y vermut quedó sepultado bajo un montón de escombros, y se desactivó el alarma antirrobo, por lo que a los pocos días la casa lucía vacía, expoliada, gracias a esos maleantes que en Urdesa pululan como en todas partes.

La reacción del dueño de la casa fue natural, fue la que cualquier persona normal tendría: cogió todos los billetes y las joyas y se fue pitando en un helicóptero.

En fin, ha pasado tiempo desde entonces, y era inevitable que tarde o temprano, alguien se planteara la reconstrucción de la casa arruinada, que al fin y al cabo, de lo que queda de ella se ve que era bastante bonita.

Y ha sido cuando vuelve a aparecer el antiguo dueño, diciendo que como la casa era señorial, era una herencia de sus tatarabisabuelos, etcétera, pues se tiene que reconstruir tal cual era antes. Los mismos pilares jónicos. Las mismas balaustradas coloniales. El mismo portón Art Deco. Todo calcado de hace veinte años.

- Pero ¿no te interesa saber por qué a la casa de antes la pudo derribar una simple bicicleta manejada por un vociferante imbécil? - le pregunta el arquitecto, algo confuso.

- En absoluto. Son cosas que a cualquiera le pueden pasar.

- Bueno. Por lo menos te interesará saber que, según mis investigaciones, gran parte de la estructura de madera era carcomida. Por lo menos esta vez, usaremos materiales estructurales modernos y tratados químicamente contra esos bichos...

- Nada de eso. Si la madera de antes era carcomida, pues la madera de ahora también tiene que serlo.

- ¿Y ese pilar estructural que faltaba en el salón...?

- Si antes faltaba un pilar central, ahora también tiene que faltar. Todo tiene que ser igual que antes.

Bueno, me resisto a seguir con la historia, mayormente por inverosímil. En realidad, no creo que a nadie le guste vivir en una casa que en cualquier momento puede desplomarse encima de su cabeza. Tampoco creo que nadie en sus cabales escoja construir un edificio con madera carcomida, existiendo mejores alternativas. En fin, intento decir a mi manera que cuando lo examinas, el cuento de la Restauración Conservadora no tiene ni pies ni cabeza. Pero mi problema con él no se detiene en la inverosimilitud. He aquí una relación ordenada de mis objeciones:

1. Los que pregonan el peligro de la Restauración Conservadora no aportan ninguna evidencia. Creerse cosas sin evidencia, solamente porque las dice tu predicador sabatino preferido, y las repite todo su séquito de enseñahigos a sueldo, me parece arriesgado. ¿Un artículo en un international peer reviewed journal? ¿Sólo uno? ¿Será demasiado pedir?
2. Desde que se habla de Restauración Conservadora, nadie se ha molestado en señalar con precisión qué es lo que se quiere restaurar, y qué se entiende por conservadora. Cualquier politólogo te informará que ambos términos son problemáticos y merecen aclararse según el contexto. Dichas aclaraciones se vuelven más necesarias cuando, como aquí va siendo el caso, por encima de la jaula de los conservadores también hay un letrero que reza "neoliberales". Más necesarias todavía cuando en la misma muralla que, con sus respectiva fosa y sus alambres de alta tensión, protege el público de las embestidas de dicha fauna, hay escrito con letra furibunda y de diversas manos: ABORTISTAS! MARICONES!! #ANTIPATRIOTAS!!! y otras lindezas semejantes. Y es que, si encuentro algún día a un conservador neoliberal abortista, antipatriota y proponente del matrimonio igualitario, será el momento de desempolvar el bestiario medieval con sus unicornios, hipogrifos y musimones. Ya lo creo.
3. El término "restauración" tiene toda la pinta de haber sido escogido con la intención proléptica de vendernos el cuento de esa "revolución" que algunos todavía siguen buscando en el horizonte. Es hasta irritante, a estas alturas, el truco de bautizarlo todo con las siglas RC y luego poner cara de buen niño. Donde no ha habido revolución, sino simple traspaso de poderes de corruptos viejos a corruptos más jóvenes y con celulares, no puede haber "restauración" de nada. Acaso reversión.
4. Según los cuentistas de la Restauración Conservadora,  cuando se dio esa "revolución" que si no la viste es porque mirabas el canal equivocado, la "derecha" quedó anonadado, derrotado, humillado, desamparado. Eso ha cambiado. Ahora vuelve a la carga esa misma "derecha", pero remozada, fuerte, bien armada, sobre todo bien financiada. Sus tentáculos están por todas partes. Sus medios, con esos enormes titulares de "¡abajo Correa!" están en todos los quioscos y todos los gabinetes... Sólo tengo un problema con estas observaciones: contradicen la realidad. La realidad es que hace poco un diario emblemático de esa "derecha" tuvo que cerrar, dejando millonarias deudas. Eso dice todo. ¿Quieres más? Varios partidos políticos, de nuevo hace poco, se quedaron sin financiamiento estatal por la excelente razón de que en los últimos comicios no pudieron reunir más votantes que sus propios tíos y abuelitos. Menos la MPD, eran "de derecha". Por mucho que busco, no veo evidencias en ninguna parte de que ninguna "derecha", por fuera del propio gobierno y el municipio de Guayaquil con su consuetudinario ogro, tenga la más mínima fuerza de convocatoria. Dicho de otra manera: sólo un místico residente en una cueva con uñas de 2 metros llenos de mugre se aventuraría a pronosticar una pérdida electoral del correísmo en las próximos generales. (El enemigo de Correa en las seccionales no fue ninguna "derecha", sino un modesto y residual pragmatismo, que en las generales no creo que haga acto de presencia.) Es difícil incluso imaginarse qué grado de paranoia haría falta para ver en el panorama actual un "peligro conservador", más allá (insisto) de los reflejos conservadores del propio Presidente. Tiren de la otra, que tiene campanitas.
5. Se da la curiosa casualidad de que los gobiernos fascistas radicales siempre han buscado chivos expiatorios (Dios no quiera que, por detentar todo el poder, nos responsabilicen de algo), y si no los han encontrado, los han inventado con impresionante creatividad. ¿Quién no se acuerda de la hilarante conspiración judeo-masónica-bolchevique de Franco? El tipo se refería a ella en cada uno de sus discursos, y el hecho de que los masones en España nunca han sido más de cuatro gatos mal peinados y con mirada hidrofóbica, incapaces de aliarse con nada que no fuera un poste callejero, no le incomodaba en lo absoluto: de hecho, para un poderoso (como bien entendía Orwell con lo del Goldsteinism) es mejor que el enemigo sea en parte ficticio: así, es menos probable que se queje por la mala prensa que se le da. Si el correismo es irrespetuoso contra las personas reales, es con lo irreal que alcanza su mayor grado de lirismo denunciatorio. Se ceba en el neoliberalismo (credo político-económico distinguido por tener un total de 0 seguidores confesos a nivel mundial), en los conservadores (es decir, un total de aproximadamente 15 ancianas residentes en la Vía Samborondón que persisten en creer que las buenas niñas deben llegar vírgenes al altar: a eso se reduce el conservadurismo ecuatoriano... bueno, a eso y al incalificable Melvin Hoyos), en los golpistas (dignos de figurar en una novela de Emma Orczy, por lo elusivos, digo), en los blogueros pagados por la CIA (porfa, preséntame a alguno, me muero por saber cómo se consiguen esos fondos) y en los "desestabilizadores", es decir, esa gente que va colocando pieles de guineo estratégicamente por doquier, con ánimo de ofender. En suma: gente cuyo estatus oscila entre "no existentes" e "irrelevantes". Con eso en una mano, y el prestobarba de Occam en la otra, todo se vuelve endemoniadamente explicable. No hace falta nada más.

Quisiera volver al cuento del principio, pero es tarde y mañana hay reunión. En fin. Si existe realmente (lo dudo) en el panorama político ecuatoriano un amante de la madera carcomida, pues que le vaya bonito, pero no le vaticino un gran futuro. Es decir, no creo que la gente vote masivamente a favor de la inestabilidad, de los feriados bancarios ni de los Pichicortes. Es en ese sentido que no creo que existan "restauradores" fuera de la imaginación de los recursivos propagandistas gubernamentales. Pero ¿gente que quiere reconstruir lo destruido? Naturalmente sí. Reconstruir en otro plan: sin Leyes de Comunicación, ni imaginarias "ofensas contra el honor", ni "femicidios", ni majestades, ni aviones presidenciales, ni partidas presupuestarias para la propaganda gubernamental, ni absurdas prohibiciones dominicales, ni ridículas constituciones, ni ministerios del Buen Vivir, ni ejércitos de burócratas, ni "cultura tributaria", ni "canales incautados", ni "universidades Categoría D", ni arengas sabatinas, ni "amor a La Patria", ni ministros comecheques, ni impuestos sobre salida de divisas, ni indoctrinación revolucionaria escolar... o bien, ¿por qué no?, con todo eso, pero sólo para los que quieren, y pagado únicamente con las donaciones voluntarias de los que quieren. Los demás tenemos, creo, mejores cosas que hacer y en qué centrar nuestras energías. Algún día se verá.

viernes, 10 de octubre de 2014

Laughing outside the can

Según el observatorio climático de Mora La Nueva, España, que como es sabido lidera al mundo en eso de las previsiones y retrovisiones meteorológicas a plazo medio y largo, estaríamos a dos meses menos algunas décadas, con un 83% de probabilidad, de sufrir los embistes del fenómeno del Ñaño. Y lo más grave del caso es que, si bien el fenómeno del Niño sí despierta alguna ansiedad en algunos sectores, cuando se asoma el del Ñaño, muchísimo más terrorífico, es como si la gente oyera llover.

Sí, es exactamente eso. Sin el fenómeno del Ñaño, enciendes la tele (nota para jóvenes: una especie de caja con pantalla, aún popular entre las viejas generaciones, que transmite lo más tonto que mente humana puede concebir), sintonizas tu comedia favorita, la ves, y en algún momento, si el guionista ha hecho bien su trabajo, te ríes. Nadie te dice cuándo debes reírte, ni siquiera te lo sugiere. El guionista tendrá sus prejuicios al respecto, desde luego, y el telespectador experimentado y atento no tendrá dificultad en descubrirlos: ajá, ahí se supone que fue "un chiste". Nuestra habilidad, como especie, para identificar "los chistes" sin ningún tipo de señalización y con un alto nivel de concurrencia, no digo que hable muy bien a nuestro favor, pero por lo menos pone al atento alienígeno sobre la pista de que se trata, efectivamente, de una especie tribal.

Con el fenómeno del Ñaño, ocurre otra cosa. Enciendes la "tele", te pones a ver la comedia, y empiezan las lluvias.

¿Qué lluvias ni qué niño muerto? estarás pensando. Bueno, pero es que no naciste en un país pluvioso. Por esto estoy aquí, para informarte que la risa enlatada, escuchada desde cierto ángulo y ciertos antecedentes, parece lluvia. (Hay muchas cosas más también que parecen lluvia, si les concedes audiencia. A los quince años escribí, pasmado: "las cajas registradoras en el supermercado suenan como una tormenta que cae sobre una fila de cajas de cartón en medio del bosque".) Desde luego se trata de una lluvia algo brusca y demente, pero lluvia al fin. ¿Estamos? Entonces sigo.

Te pones a ver la comedia, y empiezan las risas. Las tuyas, no: las coleccionadas por el ingeniero Charles "Charley" Douglass, creador del invento más despreciable del siglo veinte (sin exceptuar el teléfono celular, que conste), nombre digno, a mi ver, de colocarse al lado del de Karl Marx, Daisuke Inoue, GWF Hegel, Sigmund Freud, Louis Fieser, Otto von Bismarck, Platón, JR Oppenheimer y no sé cuántos más en la galería de la infamia de las malas ideas. Porque suya fue esa idea de que el "público americano", ese notorio imbécil, para disfrutar de una comedia necesita que le digan donde están los "chistes", y hasta la fuerza relativa con la que debe expulsar el aire de los pulmones, en función de la relativa gracia del "chiste" en cuestión. De modo que, con Douglass, comienza el asalto sobre ese último reducto de la individualidad en tiempos de borreguismo: el sentido de humor. Antes de Douglass, la gente se reía de cualquier cosa, hasta de su sombra: vuelve a leerte Tom Sawyer y lo verás enseguida. Después de Douglass, las ironías plomizas nivel prequinder y poca cosa más. Antes grito de libertad, la risa se vuelve sacramento de inclusión social. En la comedia televisiva, hoy en día la risa enlatada se considera tan necesaria como en una canción comercial la pista de batería: tan ubicua es, tan redundante y tan irritante. Y al igual que la batería, no tendría por qué serlo. Con una pizca de imaginación, podría contribuir algo, sí, hasta en un programa de noticias:

Ya han muerto cuatro mil personas en el oeste de África por causa del ébola. (risas)
La deuda del gobierno de EEUU asciende a más de 18 millones de millones de dólares. El Presidente de dicha nación se ha comprometido a otra aventura bélica en Oriente Medio. (risas dementes)
Caracas es la ciudad con más homicidios por 1.000 habitantes a escala mundial, (risas, silbidos, y algún grito de "Alerta, que camina")

La comedia que le acabamos de presentar es la de la sociedad actual, sólo que un poco menos hipócrita. Espero que guste. Aquí hay diversión para toda la familia.




jueves, 9 de octubre de 2014

Bolivarian Express? That'll do nicely!

Supongo que hay que tener una cierta edad para recordar esos anuncios televisivos, donde siempre era cuestión de un joven con aspecto de yuppie en estado larval, que pretendía saltarse las columnas o comprarse lo incomprable o acceder a ese espacio vedado pero intrigante. Ante las negativas de la fembra plazentera de turno, que fungía de recepcionista, de vendedora o de azafata, quien con resignada paciencia le explicaba que tal o cual cosa no era posible, no estaba en venta, o que el avión que el joven pasajero pretendía coger ya estaba en vuelo desde hacía cinco minutos, el joven recursivo sacaba la tarjeta mágica. La expresión de la fembra se tornaba instantáneamente en sonrisa deslumbrante, seductora, y su blusa se desabrochaba tres botones por arte de magia. "American Express? That'll do nicely, sir!" Y de repente, todo de nuevo se hacía posible.

Si bien los anuncios son de la década de los 70, le calzan mejor a la de los 80, de los yuppies, y de ese breve boom petrolero de acá que encuentro descrito en Abdón Ubidia, sin haberlo podido vivir yo mismo. Y sí, es posible tener nostalgia de esa época, aunque uno la haya pasado de principio a fin sin tarjeta mágica, y a veces durmiendo en la calle.

Por supuesto, el American Express ya no es lo que era. El mío, del Banco de Guayaquil, fue recibido en Mi Comisariato hace tiempo con un "American Express? That won't do nicely." Y ese poder de desabrochar blusas a distancia por telekinesis no lo encuentro por muchos ensayos que le hago. Qué le vamos a hacer.

Pero en realidad lo que me trae esto a memoria es la observación de ese proceso paulatino en que el supuesto progresismo de nuestros amos y señores gobernantes va perdiendo la vergüenza. Dice mi esposa: es como si Correa se hubiera propuesto igualarse en todo a LFC, hasta el punto que, mirando a uno y a otro, como al final de ese cuento de Orwell, uno ya no puede distinguir entre bizco y chancho, chancho y bizco. Poco ya le quedaba, supongo, pero eso de someter a tortura a estudiantes de colegio (y si alguien necesita cirugía después de pasar un tiempo en comisaría, entonces tortura es la palabra, según vetusto consenso internacional), eso ya como que le coloca la guinda al pastel. Y entonces me pregunto: cuando un partido con ideología solapadamente  neofascista impone la censura, gobierna por miedo, manipula la justicia, maneja una enorme máquina propagandística que haría morir de envidia a Goebbels, se alía con los regímenes más autoritarios del mundo, defiende una imposible autarkia, y tortura a jóvenes estudiantes, y al final se justifica con el inmortal "por lo menos los trenes llegan puntuales" (en versión criolla, "por lo menos las carreteras son de primera") ¿qué les pasará por la cabeza a todos esos acólitos y coristas griegos que desfilan por las páginas del Telégrafo? ¿Cómo duermen por las noches? Pues allá vamos: mi teoría al respecto tendrá que ser la de la tarjeta mágica.

Para defender al individuo, primer hay que ser un individuo. A quien haya descuidado este aspecto de la existencia, a aquél cuya autoestima por tanto está condenada a ser siempre un borroso reflejo de la opinión ajena, el panorama de servilismo y resignación instaurado bajo signo autoritario le resultará hasta consolador: rodeado de tanta mediocridad, de tanto miedo, de tanta cabeza gacha, resulta más fácil ser alguien. Sobre todo si, para ser ese alguien, hay una tarjeta que abre todas las puertas: tanto las del poder como las de la codiciada tertulia cafetera. No es necesario ni saber mucho, ni pensar mucho, ni enterarse mucho, ni esforzarse mucho, ni preocuparse mucho. Cuando llega el momento: soy progresista. Bolivarian Express. Estoy con el pueblo, con los pobres, con las víctimas, con los que menos tienen. No los conozco, pero estoy con ellos. Estoy por ellos. Tengo la camiseta. Esto me exalta encima de la gran mayoría de personas, egoístas, porque no están sino por ellos mismos. La amplitud de mis simpatías me marca y me distingue como miembro de la nueva élite, y garantiza que todas las agresiones que he cometido contra mis (supuestos) semejantes, las que pienso cometer y las que he apoyado y celebrado en su comisión, serán siempre por el bien común. That'll do nicely, sir.

Llegará el día en que a los historiadores les resultará misterioso y digno de admiración el hecho de que, en algún lugar perdido del s. XXI, uno demostraba su solidaridad con la humanidad apoyando una ideología que, dondequiera que se haya puesto en práctica, siempre ha terminado en masacres, en miseria, en barbarie, en burocracia. La que ha mantenido en esclavitud al pueblo cubano desde hace medio siglo; la que ahora está convirtiendo a Venezuela en algo así como el Chicago de los años Volstead; la que nos dio los gulags, los veinte millones de rusos aniquilados, los campos de exterminio de Camboya, la gran hambruna china. Una ideología que está en guerra abierta y declarada contra el individuo, porque el espíritu de la colmena da menos sustos electorales, y porque le salen mejor las cuentas si nos conformamos con ser ratas skinnerianas. Y lo más raro de todo es, que estos señores tan rebosantes de simpatía y solidaridad y tierna preocupación por el bienestar ajeno no pueden abrir la boca sin insultar, menospreciar, calumniar y condenar. Maravillosa cosa es. Pero todo esto, quien lo dice es uno que no tiene tarjeta. No termines tus días como él, deuaneando sin cesar en un blog que nadie lee. Consigue hoy la tuya. No te arrepentirás.



jueves, 2 de octubre de 2014

No pasarán de analfabetas

Ayer un articulista en El Universo, no recuerdo el nombre, lamentaba que en este país, y si le creemos en este subcontinente, las modales institucionales, políticas y mediáticas parecen adolecer de un estado de adolescencia artificialmente prolongado. El adolescente, decía, es tan seguro de la razón propia como del error ajeno; le parece nimia cosa el enorme sufrimiento ajeno que acarrea la realización de sus sueños (le cayó al articulista Follari, del Telégrafo, hace poco el desentierro de ese cliché revolucionario de you can't make an omelette without breaking eggs: no, no había ironía en todo el párrafo) y, bueno pues, si no estás con él, con ese adolescente, estás contra él, y él tiene mejores cosas que hacer que escuchar puntos de vista alternativos: más propicio y productivo es colmar de insultos al interlocutor en el momento que tímidamente le sale un pronunciamiento errado. El articulista en cuestión decía algo que vale la pena decirse, a favor de la razón, la humildad y el diálogo, cosas que todos hemos intentado decir alguna vez a nuestra manera: así que pasé por alto esa falsa etimología, expuesta sin pudor en el artículo, sugerida por el parecido de "adolescente" con "adolecer" (parecido con el que yo ya jugué en algún momento), cuando en realidad el adolescente, etimológicamente, es simplemente algo en proceso de maduración (de adolescere, ad- ‘hacia’ + alescere ‘crecer,’ de alere ‘nutrir´). La cuestión es que todos tenemos cómo y por dónde madurar: reconocerlo es prerrequisito de sabiduría: no reconocerlo es provincia de determinados personajes públicos estilo Correa, y cuando muchos "estilo Correa" dan la pauta en un país, en un continente, en un mundo, pues tenemos lo que tenemos en consecuencia.

Lo que es yo, no sé si será signo de maduración o de decrepitud, pero a estas alturas me causa admiración el brío y el entusiasmo con que antes me dedicaba a criticar a escritorcillos netamente adolescentes al estilo de Jaime Galarza Zavala, del Telégrafo. Ahora, con ocasión de otra defecación verbal del mismo escritor, donde en medio de una retahíla de desaciertos históricos gusta de describir a los EEUU como "el imperio más bárbaro y criminal que conoce la historia del mundo", siento la débil tentación de lanzarme a otra réplica... pero paso. El por qué, repito, puedes escoger entre un Endivio R. más maduro, o uno más cansado: me decanto por esto último. Cuesta trabajo encontrar adjetivos, investigar hechos y referencias, amaestrar argumentos, organizarse sobre la pantalla, y uno va siempre últimamente muerto de sueño. Pero aparte de todo eso, termino preguntándome: ¿realmente será necesario? Al fin y al cabo, sólo un perfecto analfabeta puede leerse el artículo sin apreciar de qué pie cojea el escritor (y el maniqueo, el que cree en países "buenos" y "malos", siempre irá cojo, cuenta con ello: la naturaleza, la que nos enseña a caminar, no es para nada maniquea, y la ignoramos en detrimento propio) y es perfectamente capaz de decidir, sin mi ayuda, si dejaría a su hijo unas tres horas en cuidados de un personaje tan escupevenenos, y si no lo haría, si dejaría a su mente mucho rato en predicamento semejante.

No nos merecemos tanto veneno y tanto odio. Ni siquiera los lectores del Telégrafo, gremio harapiento y siniestro como pocos, nos merecemos algo así.

Pero no quería dejar pasar sin mencionar mi descubrimiento del día, que tiene que ver con el mencionado artículo de Galarza en cuanto él se permite revolcarse en la dolorosa historia de la Guerra Civil Española. La cuestión es ésta: dejando de lado que el "sangriento energúmeno" que en la fecha escogida por Galarza, 1935, dirigía la Falange Española, un tal José Primo de Rivera, no fue "opuesto" por "valeroso pecho" alguno en el campo de batalla, sino encarcelado, condenado a muerte y ejecutado por el gobierno, es obvio que Galarza se ha dedicado muy poco, por no decir nada, a entender la verdadera naturaleza de lo que él llama "fascismo" y "nazifascismo", encarnado en la Falange Española de los coJONeS (como terminaron siendo rebautizados, allá por los años 70, en los metros de Madrid). Es un tema que traté anteriormente en este blog, a propósito del movimiento fascista inglés dirigido por Oswald Mosley, y que bien merece insistir un poco en él. Los fascistas (los de verdad, no hablemos del nazismo o del franquismo, ambos fenómenos sui generis) no nacieron al grito de "abajo los movimientos obreros, abajo la subversión, viva el capitalismo, viva la explotación inmisericorde del pobre, viva el autoritarismo y la violencia". En esos tumultuosos tiempos, tales consignas hubieran sido sentencia de muerte, en sentido figurativo, para cualquier grupo o movimiento naciente con ambiciones de liderar las masas. Todo lo contrario: los fascistas eran los adolescentes de entonces con sus dogmas y sus recetas para un mundo mejor, ese mundo mejor que siempre se nos pinta lleno de igualdad, de caras sonrientes, de forzudos y musculosos trabajadores en el campo, de bonachona y dicharachera democracia participativa, sean las que sean las siglas del partido o movimiento encargado de regalárnoslo. El fascismo, hay que decirlo una y otra vez, nació y se movía y tuvo su existencia entre las izquierdas. Mussolini se definió como fascista y como socialista. Hitler, si quieres traerlo a colación, también. Mosley, tres cuartos de lo mismo. Todo esto son hechos conocidos, aunque no lo suficiente. ¿El descubrimiento, entonces? Pues allá vamos.

Rememorando ese manicomio churrigueresco en que se transformó la FE-JONS allá en los 70, me entró la curiosidad de buscar su página web. Facilito. Allá destaca una especie de manifiesto, de 133 puntos, en que la actual Falange intenta cortejar al pérfido votante, de nuevo, treinta y tantos años después de la muerte del Generalísimo. Pues he aquí la sorpresa: el manifiesto de la Falange es igualito a uno cualquiera de Alianza PAIS. O bien, pongámoslo de la siguiente forma: les reto, amigos lectores, a que encuentren en ese manifiesto fascista una diferencia sustantiva, de naturaleza ideológica, con lo expresado en los diferentes documentos de Alianza PAIS o de sus principales dirigentes. Está todo ahí, tan vivo y fresco como si acabáramos de escuchar la sabatina de Correa. El desprecio hacia los diferentes, los errados, los no patriotas; la glorificación de La Patria; la propuesta de formar uniones y frentes comunes entre países para terminar con la hegemonía anglosajona; el rescate a los valores ancestrales; la denuncia del capitalismo, o del neoliberalismo (sí, eso dicen) como fuente de todos los males actuales; la denuncia de una economía actual que está "al servicio del dinero" en lugar de "al servicio del hombre"; en ensanchamiento del Estado, que proponen como único rector del servicio de sanidad; el centralismo extremo y la denuncia de "separatismos", considerados como pecado capital (a menos que se manifiesten en otros países, Escocia, por ejemplo); el elogio del sindicalismo "patriota y leal" y del cooperativismo; el rechazo al aborto; la rutinaria denuncia de EEUU; la resurrección de ese terrible y mortífero concepto del "bien común"; y planeando por encima de todo, el odio al individuo, al pensamiento libre, a la tolerancia. Me habré olvidado de algunos puntos: repito, todo está ahí. De modo que...

De acuerdo entonces: cansado como estoy, no puedo dejar de verle el sentido de las palabras de Galarza: seguramente no hay que dejarles pasar. ¿A quiénes pues? Desgraciadamente, a los mismos que el propio Galarza tan impúdicamente representa: a los fascistas de hoy, que creen que con un vocabulario ligeramente actualizado y un urbano rechazo a barbaridades como la pena de muerte (rechazo compartido por las actuales FE-JONS, por si acaso) no se les verá demasiado el plumero. Lo siento, señores: se les ve a la legua, todavía y por mucho que ustedes dicen ser progresistas y de izquierdas. Pueden cambiar algunas cosas de nombre, pero el odio, la ambición del poder, el cinismo, e autoritarismo, les delata una y otra vez. Como diría John Lennon: one thing you can't hide... Y como digo yo: nunca es demasiado tarde para ponerse a madurar un poquito.

domingo, 28 de septiembre de 2014

sábado, 27 de septiembre de 2014

¿Centros de innovación?

Así están las cosas. El Presidente de los Estados Unidos y ganador del Premio Nobel de la Paz ha conseguido sorprender al mundo de nuevo con una propuesta revolucionaria, que consiste en agarrar un fajo de billetes ($3m si bien recuerdo), adoptar una pose de lanzador de beisbol, y luego lanzarlos con todas sus fuerzas más o menos hacia donde le han hecho creer que puede haber un problema. Por si no fuera suficientemente innovador esta idea de lanzar dinero gubernamental hacia Los Problemas (en la espera de que alguna mínima parte de ese dinero, por algún proceso misterioso, se transmutará por el camino en Una Solución), ha especificado que los "centros" en donde, con sus avanzados conocimientos en balística, terminarán cayendo estos billetes, serán "de innovación", es decir, que ahí se hará alguna cosa que no se ha hecho antes. Parfoi! Odd's Bodikins! Esto es realmente brillante. De modo que el problema específico que él mencionó, la falta de libertad de expresión en varios países sudamericanos y subsaharianos, se solucionará de la siguiente manera: se entregará dinero a las personas junto con el exhorto "váyase usted a innovar, o séase... a hacer algo diferente". En el proceso de hacer Algo Diferente, algunas de estas personas descubrirán que son Líderes, y claro, este instinto de Líder, una vez descubierto, es tan cosa seria, que inevitablemente esas personas terminarán siendo los nuevos Presidentes y Vicepresidentes y Secretarios de Comunicación y Ministros del Buen Vivir, reemplazando a los anteriores. Y claro, una vez en el cargo, ni se les ocurrirá a ninguno de estos futuros Presidentes que eso de suprimir la libertad de expresión es una excelente manera de asegurar su continuidad en el puesto, toda vez que al Presidente de los Estados Unidos no se le ocurra mientras tanto otra de sus brillantes inspiraciones. No, estos futuros Líderes tendrán como primera prioridad la libertad y el bienestar de sus pueblos, porque... pues porque habrán sido financiados con dinero norteamericano, y todo el mundo sabe que los Líderes financiados con dinero norteamericano son siempre los mejores demócratas del mundo. Y si lo dudas, recuerda a Pinochet, a Saddam Hussein, a Stroessner, a Fulgencio Batista, a Idi Amin, a Osama Bin Laden, etc etc etc. Realmente, la cosa no admite discusión.

Y es que todo esfuerzo es poco para asegurar el triunfo de la armonía, de la democracia, de los cupcakes y los crumbly candy bars dondequiera que estas cosas falten.

Simpatizo con él. No, en serio. Yo mismo sé, de alguna experiencia pasada (cadena de búsqueda: "Ornitorrincos del Saber") lo que es encontrarse en un puesto para el cual uno es notable y notoriamente incapacitado, y tener que improvisar sobre la marcha. Y no es tan, tan desacertado tampoco la idea de que, si las cosas están mal tal vez mejoren si empezamos a Hacer Algo Diferente. De hecho, es la misma solución que yo propondría. Hagamos algo diferente. Sólo que, a diferencia de Obama, yo puedo decir eso sin que me tiente hacer avionetas de papel con billetes de mil dólares.

En una cosa sí tiene razón: que aquí, por estos lares, hace falta un cambio:

Estos centros de innovación, son para Rafael Correa lugares para financiar a “César Montúfar (Concertación) y a Guillermo Lasso (CREO) para que “sigan conspirando”.

Para mis millones de lectores extranjeros, debo explicar que el tal Guillermo Lasso es un viejo ex banquero con cara arrugada y aire permanentemente cansado y despistado, aspecto tristón y discurso hueco, a quien le acompaña la poco envidiable circunstancia de ser en la actualidad "líder" de lo que algunos bromistas han dado en llamar "la oposición" en Ecuador. Y por supuesto, con esa carisma de que hace alarde tiene tantas posibilidades de convertirse en futuro Presidente como yo de ganar el certamen de Miss Guayaquil. Esto, a modo de datos antecedentes. Pero el quid aquí está en que sólo hace falta verlo para asegurarse de que el tal Lasso es incapaz de "conspirar" ni para organizarle una fiesta sorpresa a su primo. Aparte de lo cual, si hubiera la más remota posibilidad de que él habría "conspirado" en algún momento con quien fuera para lo que fuera, ya estuviera en la cárcel, pues hace bastante tiempo que los torquemadas del 30-S andan buscando conspiradores hasta en los tachos de basura de los chifas, pues ya va siendo harto difícil mantener la ficción del "golpe de estado" cuando no aparece por ningún lado todavía ningún golpista de pro.

¿De qué demonios habla entonces el Sr Correa, con eso de "seguir conspirando"?

Muy simple: para él todo opositor a su proyecto es, ipso facto, conspirador. Toda oposición es, por el mero hecho de serlo, ilegítima y criminal. Lo ha dicho mil veces de las más diversas maneras. Quien no esté de acuerdo con él en todo, hasta en sus pintorescas nociones medievales sobre el aborto, es "un traidor". El tipo no tiene un hueso democrático en todo su cuerpo. Es la pura y simple realidad.

Claro que hace falta un cambio.

Pero permítanme creer que lo que se conseguirá estableciendo "centros de innovación" con dinero estatal (y para el caso no importa de qué Estado) es más o menos lo mismo que siempre se ha conseguido en todas partes enfrentando a los problemas un Programa de Gobierno. Es decir, nada... a menos que creas que sirve para algo haberle provocado al Presi a otro de sus habituales accesos de furia, de intolerancia y de paranoia. Personalmente, yo me lo hubiera ahorrado.

No está de más repetirlo: el cambio tenemos que serlo nosotros. No hay hadas madrinas. Esperar que un gobierno, sea nacional o de ultramar, fomente la libertad de expresión es tan inteligente como esperar encontrar a un tigre vegetariano. Así que dé el primer paso: búscate un seudónimo y un borrador de huellas digitales, y exprésate. Ah, y ponga una barra de hierro en tu puerta de noche. Por si las moscas, ya sabes.